relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Unidad de habitación

Unidad de habitación de Marsella. Edificio de apartamentos. Le Corbusier. 1948. Marsella. Francia.
Cuando me puse a estudiar arquitectura, en el año 75, Le Corbusier era el arquitecto más famoso del mundo, y no tanto por el interés arquitectónico de su obra como por suscitar en torno a su persona un respeto o reverencia gremial que se sustentaba en el papel que asumía de promotor y difusor de aquella arquitectura útil y  funcional de los Congresos Internacionales de Arquitectura (CIAM) que partía del planteamiento de problemas urbanísticos e intentaba producir obras a escala humana para resolver los problemas complejos que resultan del desarrollo de la ciudad y de las nuevas formas de vida de los hombres del siglo XX. 
De entre todas sus obras, la que mejor representaba este pensamiento era la Unidad de Habitación, un bloque de apartamentos de 140 m de largo por 24 de ancho y 56 de alto, que proyecta el arquitecto suizo, nacionalizado francés, para la ciudad de Marsella, después de la 2ª Guerra Mundial, y que luego tendrá dos réplicas en Nantes y en Berlín. Planifica en este bloque, construido en edificación abierta a las afueras, 337 apartamentos duplex (en dos pisos) de una superficie suficiente (en torno a 100 m cuadrados), y muy bien aireados en general, por cuanto la mayor parte tiene ventanas hacia las dos fachadas. Por cierto, resulta revelador del carácter vanguardista del edificio el hecho de que las ventanas están coloreadas, por cuanto usa los mismos colores puros que usó Mondrian treinta años antes, intentando individualizar los apartamentos y dar variedad a la fachada. 
Además, el primer piso, a ras de tierra, es diáfano, hueco, para permitir la circulación o el aparcamiento. Para eso apoya el bloque en gruesos pilotes.
También se interrumpe la regularidad de la sucesión de los apartamentos en el centro del edificio, a la mitad de su altura, en donde se sitúa una zona de servicios comerciales, un hotel, un restaurante y un gran salón de actos. Y por si esto fuera poco, además, en la terraza plana superior, hay una guardería, una piscina, un gimnasio, una pequeña pista de atletismo y otros espacios de relación que me recuerdan a los de las termas de Roma.
Todo un ejercicio de planificación, por lo tanto, según las necesidades del hombre urbano del siglo XX, con la idea de crear un pequeño conjunto casi autosuficiente, un pequeño pueblo de más de 1000 personas, que habitan los apartamentos construidos con una arquitectura económica atenta a minimizar el costo y al uso de nuevos materiales, sobre todo el hormigón, con una estructura siempre ortogonal, que permite la regularidad exterior de cada uno de los pisos horizontales y el cerramiento de la fachada con ventanales casi continuos.
Al poco tiempo de la Unidad de Habitación de Marsella, en 1955 proyectó para Nantes la "Maison Radieuse", que fue construida en régimen de cooperativa autogestionada por sus moradores, los cuales adquirirían 65 años más tarde la propiedad, después de pagar cantidades muy asequibles por los 294 apartamentos de 90 metros cuadrados. Así Le Corbusier expresaba su deseo de que la arquitectura sirviera para resolver, también, problemas sociales.  
Tan sólo hay un pequeño elemento vertical en el bloque: Es esa falsa chimenea paralelepipédica que en realidad es el remate para el hueco del ascensor, aunque a mi siempre me ha parecido la chimenea de un gran barco. Así es. Yo no sé por qué me pasa, pero cuando miro el edificio, rodeado de matorrales y de árboles mediterráneos, lo veo como si fuera un gran trasatlántico, como un dado alargado que navega y que está lleno de pequeños trozos de vida, los de los habitantes que viven en esos apartamentos duplex, como pequeñas abejas de una gran colmena de colores, que flota en la tierra verde. 

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