relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Las naves de San Julián

San Pedro de la Nave (Zamora) es una de las pocas joyas de nuestro arte prerrománico. Una iglesia que resume en sí misma el proceso de síntesis de la planta basilical y de cruz griega del arte visigodo. En efecto, en esta construcción de finales del siglo VII, ya muy cerca de la invasión de Tarik y Muza en el 711, situada en los Campos que por algo se llamaron Góticos, se combinan la planta basilical de San Juan de Baños (Palencia) y la de cruz griega de Santa Comba de Bande (Orense), Santa María de Melque (Toledo) y San Fructuoso de Montelios (Braga). 
Una iglesia es un edificio que se inventa en el arte paleocristiano. El templo pagano, que era sólo casa del dios, no servía como espacio para la reunión de la asamblea del pueblo de Dios. Como lugar de reunión, los cristianos preferirán a partir del 313 (Edicto de libertad religiosa de Constantino) la basílica romana. Edificio con un número impar de naves, que sigue un eje longitudinal en torno a una nave central, más alta y ancha que las laterales, y con un ábside o éxedra, en donde acabará por situarse el altar y se enterrarán las reliquias (cripta).
La iglesia, además, como templo cristiano, simboliza también nuestra salvación, por eso el edificio incluye también el símbolo de la cruz. Así que, normalmente, una nave de la anchura y altura de la nave central se cruza ortogonalmente con ella, con lo que aparece el tramo de crucero, sobre el que normalmente se situa una pequeña torre que manifiesta esa aspiración de elevación hacia el cielo de todas las religiones.
El nombre de San Pedro de la Nave, según creo, nada tiene que ver con estas dos naves que se cruzan en la mayor parte de las iglesias cristianas. Una nave es un espacio delimitado por muros o por alineamientos de elementos de sustentación discontinuos, y sin embargo, la nave del topónimo de esta joya del arte visigótico procede de la barca de San Julián. En efecto, según una antigua leyenda, San Julián, que es la versión cristianizada de Edipo, tras el inconsciente parricidio, decide llevar una vida de contrición y servicio, retirándose a un lugar situado a orillas de un río caudaloso, acompañado por su esposa Basilisa. Allí, aquí tal vez, realizará funciones de barquero, hospedero y confesor. Allí o aquí construirá una iglesia de tres naves, a la que la tradición local añade una historia relevante: Al parecer esta iglesia por efecto de un designio milagroso se edificaba por el día y se caía por las noches. Tan sólo cuando a San Julián se le ocurrió introducir el símbolo de la cruz en el conjunto, una cruz resultante del cruce ortogonal de dos naves, el edificio se mantuvo en pie a la orilla del río.
Inventado ya este mito de la construcción de la iglesia de San Pedro de la Nave, siguió pasando el tiempo. Bajo la dirección de un prior benedictino, antes, y como parroquia de su pueblo, después, el edificio se mantuvo fijo como una gran nave de piedra paralizada por un extraño milagro, hasta que alguien en 1930 pensó en construir allí un gran pantano, el pantano de Ricobayo. Gomez Moreno, el padre de nuestra arqueología moderna, se encargó de dirigir el traslado de la iglesia hacia el pueblo de Campillo, tres Km. más allá de su primitivo emplazamiento. Allí está hoy, tras una extraña reconstrucción en la que se conserva esa extraña cámara (cámara del tesoro) que aparece sobre la capilla mayor, y en la que se incluye una nueva puerta a los pies, y se desecha una espadaña, que aparece aislada de la edificación actual, y una “tibluna” (tribuna) a la que se subía por una escalera (según cuenta una anciana de la zona, en un estudio realizado sobre la iglesia por Josemi Lorenzo Arribas).
Con su traslado a un lugar más alto, seco y llano, la nave de San Julián sigue siendo una gran cruz que mira el cielo y que ha cumplido con la antigua aspiración de movimiento de las naves. Sin embargo, se diría que en el cambio está también la penitencia. Algo pasa en esta iglesia que no casa. La iglesia ha salido perdiendo. Ya no hay agua justo al lado de los viejos sillares rústicos visigodos sin mortero, no se huele la humedad ni se atisban los caminos que se cruzaban sobre el río Esla. Ahora parece una iglesia vieja, parece una iglesia dormida, una iglesia cuyos sueños se encuentran bajo el pantano, hundidos bajo el misterio de un tiempo que se ha perdido, cubiertos por mil capas transparentes de agua que fluye hacia el mar y por el légamo informe que los sepulta. A mi me parece una iglesia con alzheimer. Una iglesia sin lugar y sin memoria.
http://www.youtube.com/watch?v=BKMFQJ9NKJM&feature=related

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