relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Levitar

Éxtasis de Santa Teresa (1647-1652) - G.L. Bernini. Mármol, capilla Cornaro, Iglesia de Santa Maria della Vittoria, Roma
El éxtasis de Santa Teresa es uno de los frecuentes apoteósis barrocos del Sur de Europa del siglo XVII. Es un exceso de un artista, como Bernini, para mayor gloria de la Iglesia. Un complejo aparato de mármol de distintos colores que es coherente con la idea de llenar las bóvedas de las iglesias y los retablos de columnas salomónicas de color dorado para impresionar al contemplador. Por otro lado, la idea de que el amor humano, ese amor sexual que no desprecia el instinto y que produce el éxtasis de la Santa española, es un camino más directo hacia Dios que el de la razón de la escolástica medieval nos vuelve a encerrar dentro de un planteamiento barroco, al conceder un dominio a la expresión y al preferir la intensidad sentimental, al equilibrio clásico y a la reflexión.
Además, el barroco hace gala aquí de su caracter escenográfico, un rasgo que con frecuencia se olvida a pesar de su gran importancia.
Hay que tener en cuenta que el barroco es la época de Shakespeare y de Lope de Vega y que la iglesia postrentina intenta sacar a la calle su religiosidad, para lo que desarrolla los ritos procesionales. Con ello el arte de la escultura aprende mucho de la escenografía y la traslada a sus obras, que no por ser fijas dejan de sintetizar elementos teatrales que permiten transmitir mejor el mensaje o multiplicar el efecto. Aquí, por ejemplo, los Cornaro, que son los donantes, aperecen en dos palcos a la izquierda y a la derecha de la Santa. Con ello, me parece, todos salimos perdiendo, pues resulta muy claro que el éxtasis que estamos viendo en el centro es tan sólo una actuación.
La escena, sin embargo, es enormemente interesante. El ángel con gesto sonriente y malicioso le ha lanzado ya su dardo. Él parece un crecido Cupido adolescente con esa flecha de amor que apunta hacia el corazón de la monja. Ella está vibrando. Un terremoto la mueve con violencia. Su cuerpo está lleno de espasmos que multiplican los pliegues de la túnica y el rostro disfruta del mismo intenso placer que la está elevando del suelo. Ella está sobre una nube... Estoy seguro de que Bernini se planteó el asunto. ¿Cómo hacer una escultura que levite? Vean la solución. Hay que trabajar la textura, diferenciar el plegado textil removido de las delgadas escamas de la nube, que son la transición necesaria hacia el aire. Sin embargo, eso no es lo más importante. Lo más importante es concentrar la luz en la parte superior del conjunto y dejar en la penumbra a la parte inferior, una parte que se estrecha y difumina, pues procede de una nube... El efecto escenográfico exige abrir el techo y requiere de esos rayos metálicos que aparecen como fondo y que son tan importantes para producir el efecto deseado. Un efecto teatral, que Santa Teresa no pese, que flote como una pluma en el aire, a pesar de ser de mármol.

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