relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

De paseo

Las inmensas esculturas del californiano Richard Serra son esculturas pensadas para un espacio, intrasferibles, en las que el espectador se ve arrastrado a un paseo por la estrechez de sus largos pasadizos, delimitados por enormes planchas de acero. Un camino cóncavo convexo con forma de serpiente en este caso (o de espiral en los otros) que nos hace pensar en las esculturas y arquitecturas del barroco. Esas planchas de metal son secciones de esfera, de cono o molduras curvas (toros), dispuestas en vertical para abrirnos o cerrarnos la vista hacia lo alto.
En el paseo, a cada espectador se le ocurre un pensamiento. A mi me dio por pensar en el laberinto y en la sorpresa posible: el Minotauro (el hijo de Minos y Pasifae). Mi hijo, me dijo, pensaba en Eurodisney y mi mujer en la forma extraña en que el sonido reverbera en este lugar. A ninguno se nos ocurrió pensar en los enormes problemas técnicos que los siderúrgicos, los transportistas o los instaladores han tenido para fabricar o meter estas planchas de centenares de toneladas de peso en el lugar. Ese ha sido el problema del artista y de la enorme cantidad de personas que se han tendido que movilizar para ofrecernos la obra de arte. Nosotros, sin embargo, no fabricamos, sólo consumimos arte, disfrutamos de un happening que no comprendemos exactamente, el de pasear por un espacio nuevo, producido por un artista cuyo único objetivo es cambiar nuestra relación con ese espacio. Una gran sala vacía.
Lo consigue de hecho. Yo he visto en el Museo cómo la espiral cerrada con las planchas en forma de tonel que conduce a un pequeño anfiteatro produce una sensación de mareo que para algunos es temible. Muy cerca de allí, la voz reverbera y su efecto va cambiando a medida que uno se mueve... Al salir resulta evidente que el espacio ya no está vacío y que hemos sido transformados por este enorme happening escultórico.
Como todo artista vanguardista, Richard Serra pretende cambiar el mundo. Lo nuevo, en su caso, es que en la contemplación de sus esculturas se incluye un comportamiento más propio de la arquitectura: El del movimiento del espectador, el paseo por el interior de la propia obra de arte... En Bilbao, en el Museo Guggenheim, se puede comenzar el recorrido por la serpiente, el sinuoso recorrido del pecado, el sonido sibilino y silbante del reptil sonará suavemente y sentiremos el efecto transformador de la obra de Richard Serra. Probadlo y ya me contaréis...    
(Se aconseja visionar una serie extraordinaria de videos sobre la obra de Serra en:
http://www.guggenheim-bilbao.es/secciones/programacion_artistica/nombre_exposicion_video_audio.php?idioma=es&id_exposicion=64#activas ) 

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