relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Románico narrativo

La Anunciación a los pastores. Finales s XI. Fresco del techo del Panteón de los reyes de San Isidoro de León 
Además del románico de los Pantócrator y los Cristos hieráticos que nunca sufren, que es puro conocimiento platónico, existe otro arte románico, cuya sensibilidad se acerca más al gótico, y que crea un arte ingenuo que no sólo se atiene a la narración, sino que la rellena de detalles para acercarla al espectador. De este tipo de románico es ejemplo “El anuncio a los pastores” del Panteón de los Reyes de San Isidoro de León. 
Estamos ante una pintura al fresco que decora los muros y cada una de las bóvedas de arista de los techos. El programa iconográfico está pensado, al parecer, siguiendo la liturgia mozárabe, que se oponía a la nueva liturgia que emanaba de Roma y que los cluniacenses querían extender. En él, el lugar central, el más relevante se reserva al Pantócrator y al tetramorfos, pero a su alrededor, el aire fresco de la realidad rural de aquel tiempo, interpretada con toda ingenuidad, renueva la representación románica. Aparece, por ejemplo, un calendario de las actividades que incluye la siega, la trilla, la vendimia, una conmovedora "Matanza de los Inocentes" y este encantador "Anuncio a los pastores".
Lo primero que me llama la atención de esta bóveda rectangular pintada es la disposición de las figuras. Hay que pensar que la dirección y el sentido del movimiento del espectador con respecto al fresco es imprevisible, de manera que no resultaba conveniente privilegiar ningún punto de vista. Hacía falta, sin embargo, una línea de horizonte para que la mirada del espectador se posase en algún sitio. ¿Dónde sería conveniente situarla? La solución del pintor es oportuna e inteligente. Los lados de todo el rectángulo de la bóveda de arista constituyen una línea de horizonte continua, con lo que todos los personajes toman pie en ella y con lo que, cualquiera que sea la perspectiva del espectador, el personaje más próximo siempre se sitúa en sus mismas coordenadas y resulta perfectamente comprensible. Las figuras, por lo tanto, tienen sus pies en los márgenes de la bóveda y su cabeza en el interior. El pintor tiene la precaución de no situar a ninguna figura más allá del centro y de disponer a las más largas en los vértices del rectángulo. El resultado, lo vemos, es eficaz y equilibrado. El relato está completo y se ve correctamente desde cualquier perspectiva.
El fondo es blanco. Por lo tanto, deducimos, no es de noche. El protagonista es un ángel. Lo distinguimos por la regla de rango tamaño (la figura de mayor rango, más grande), y porque lleva sus atributos (alas y aureola de santidad). El ángel acaba de caer (alas abiertas) y mueve sus brazos y manos como si estuviese explicándose. A su alrededor tres pastores que comparten con el ángel características como el tener el rostro de tres cuartos y los ojos grandes, miran hacia el recién llegado. Uno toca el caramillo y tiene un cayado, otro sentado sobre una rama, levanta una de sus manos para saludar, mientras con la otra alimenta a su perro alargándole u n pequeño recipiente con leche, el tercero en una esquina toca un cuerno. Todos sonríen y están bien abrigados, vestidos y calzados a la usanza de la época. Uno incluso lleva capa (estamos en invierno). Entre ellos hay ganados diversos, interpretados de forma poco naturalista, en cuanto a tamaño y forma, pero también de forma muy animada. Hay, por ejemplo, dos cabras que se enfrentan en combate con una expresión de enfado digna del mejor cómic. Hay también vacas pastando, ovejas y unos cerdos ramoneando las bellotas de un roble. Entre los rebaños, hay incluso una res que levanta su cabeza sorprendida para ver al ángel, lo mismo que los pastores. 
La pintura nos resulta primitiva, por su modelado simplificado, casi lineal, y por formalismos como el rango tamaño, pero tiene una perspectiva inteligente y todo el encanto de la anécdota y de la narración de la vida cotidiana de las gentes. No olvidemos, sin embargo, que la imagen es un anuncio. Un spot publicitario del nacimiento de Dios. El que pintó este cuadro pensó: ¿Cómo explicar a la gente común que ha nacido el niño Dios? Tan sólo con un prodigio. El ángel, esa figura larga que se explica, es el prodigio.

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