relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Hiperrealidad

Antonio López es el pintor actual que más satisface a quienes tienen una concepción de la pintura romántica, es decir, a quienes piensan que la pintura es algo que sólo está al alcance de un genio que reúne el saber y la sensibilidad que no tenemos el resto de los mortales. En efecto, el pintor tiene una habilidad y una paciencia fuera de lo común. Sus cuadros se pintan en una condiciones particulares de luz (amanecer, atardecer, etc) lo que implica un procedimiento lento que sigue el ritmo de las estaciones y que se supedita a un horario establecido, es decir, que sus cuadros se suelen pintar en un horario rígido de dos horas diarias como máximo, de un mes determinado, a lo largo de muchos años, lo que hace de sus obras permanentes ensayos inacabados de verdad. Esto es, la pintura para Antonio López, que por su atención a la luz es heredera de la de los impresionistas, aunque por su cuidado dibujo y minuciosidad viene más bien de los  flamencos, y que tiene como tema exclusivo el de la verdad de la realidad. Por eso se dice de él que es un pintor hiperrealista. Sin embargo, su realidad detallista, su inmensa búsqueda de verdad óptica, es también realidad inventada. Sus paisajes, lo sabemos, son diferentes de lo que estamos viendo. Nos falta la gente, los coches, los pájaros, todo lo que se mueve en la ciudad. A los cuadros de Antonio López les pasa lo mismo que a los daguerrotipos de Daguerre, o lo que sucede en el sueño de la película de Amenábar en el que se vaciaba de gente a la Gran Vía. Las calles vacías de Madrid, vistas desde arriba o desde abajo, nos producen una sensación extraña, una sensación como de soledad o de abandono, porque nos hacen pensar en lo fijo, en lo permanente, en la ambición de persistir en el tiempo, frente a los cambios incesantes a los que nos somete la ciudad. Por eso, a mí, Antonio López me habla de lo trascendente y su ambición de perfección me conecta con la ascética del más allá, con un cierto idealismo que representa lo permanente, que elige a Parménides frente a Heráclito, y que me conmueve.  
(Escucha hablar sobre una de sus obras al autor: http://especiales.lainformacion.com/panoramicas/antonio-lopez-gran-via/  )

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