relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Rascacielos

Almacenes Carson. Sullivan, Louis.  1899-1904. Chicago.
En 1871 se incendia Chicago, entonces la segunda ciudad de los EEUU, después de Nueva Yorck. Situada al borde del lago Michigan, estaba creciendo muy rápido gracias a sus negocios comerciales con el medio-oeste americano y a su desarrollo industrial, en especial de la siderurgia y de la industria alimentaria. La reconstrucción se hace de forma muy rápida, contando con mucho dinero y con grandes arquitectos, e intentando evitar el problema del fuego con una arquitectura sin madera. La reconstrucción, además, padece de otro condicionamiento: El de los altos precios del suelo, porque lo que se había quemado era el centro de la ciudad, la zona más cara. Sobre ella presionaba la demanda de oficinas, hoteles y almacenes comerciales, dispuestos a invertir a cualquier precio en las calles de mayor accesibilidad. La solución a todos estos problemas será el rascacielos.
Auditorium building de Chicago. Sullivan. 1886-89.
El rascacielos no era sólo un edificio alto (antes de 1900, entre seis y 15 pisos). Era un edificio con ascensor eléctrico (antes hidraúlico y antes aún de vapor) cuya osamenta estaba constituída por una estructura casi siempre ortogonal de pilares y vigas de hierro colado o de hormigón y con sólidos cimientos de hormigón. Las consecuencias de esta utilización nueva del hierro (estamos en la misma época que en la de la construcción de la torre Eyfel: 1889) son transcendentes para el edificio, porque desaparecen los muros portantes (los muros que soportan el edificio), con lo que el muro sirve tan sólo para cerrar el edificio al exterior, lo que permite sustituirlo por ventanales. Además, el interior se puede distribuir de forma libre, pues adentro sólo están los pilares o columnas y las vigas.
 Guaranty building. Buffalo. Louis Sullivan. 1895 
El éxito de los rascacielos representa el éxito de los ingenieros o arquitectos de la escuela de Chicago (Le Baron Jenney, Richardson, Roche, Root y Sullivan), lo que servirá para multiplicar las construcciones en muchas de las grandes ciudades de los EEUU de un tipo de edificio alto en el que la fachada incluye aparejo almohadillado en los pisos inferiores, molduras verticales, entre las que se alinean verticalmente las ventanas, con arcos de medio punto como remate, en los pisos intermedios, y aleros muy salientes arriba. Una fachada que se inspira en la de los palacios del Quattrocento italiano y que hemos visto como fondo de calle de muchas películas americanas.
No es este exactamente el caso de los Almacenes Carson de Chicago, de Sullivan, edificio de finales del XIX (1899), de 12 pisos en la calle principal y de 9 en su frente de la calle secundaria, al que podéis ver arriba al comenzar esta entrada. En él, la decoración de la fachada, se ha concentrado en los dos pisos inferiores, en donde un modernismo muy decorativo en hierro colado fluye libre, lo cual presta un tono social burgués al edificio que es del agrado de los almacenes que explotarán el espacio en el siglo XX. Por encima de ellos, sin embargo, la decoración desaparece para repetir sistemáticamente la misma fórmula de cerramiento, el ventanal, con lo que el sentido vertical de las molduras de los edificios anteriores, se transforma para conferir un dominio a lo horizontal, que contrapesa a la evidente altura del "rascacielos". La impresión de modernidad que produce la repetición de los ventanales en los pisos intermedios del edificio es tal que si fijamos allí la vista nos parecería un edificio funcionalista como muchos de los que inundaron las ciudades europeas en los años cincuenta y sesenta. Sin embargo, no es así, como lo demuestra la decoración de los dos piso inferiores o como resulta de la idea de que en el último piso, para dar claroscuro a la fachada, reaparezcan las columnas y se metan para dentro las ventanas. Tampoco resulta exactamente funcional el que la esquina entre las dos calles se redondee, evitando el chaflán. Pero, incluso contando con estas "excepciones" la impresión dominante es la de un edificio funcional. La relación es evidente, porque Sullivan fue el primero en expresar la máxima que luego Gropius o Le Corbusier convertirían en el lema del movimiento funcionalista del siglo XX: “La forma debe seguir a la función”.

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