relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

La planta de León


La catedral de León, Pulchra leonina, tiene planta basilical de cruz latina, de tres naves a los pies y en el crucero, girola con cinco absidiolos poligonales y un coro en la nave central, que sirve para interrumpir su continuidad. También tiene tres puertas abocinadas bajo arcos apuntados a los pies y en el crucero y dos torres de planta cuadrada a los pies. Sus bóvedas son cuatripartitas, las típicas bóvedas de ojivas que se utilizan en el gótico clásico del siglo XIII. La planta tiene un sólo rasgo original: Esas torres de los pies que desfiguran la planta en cruz para darle forma antropomorfa. En efecto, esas dos torres, que son tan contradictorias que tienen molduras horizontales que contradicen su ansia vertical, esas dos torres que se añaden hacia afuera de las naves laterales, y no delante de ellas, nos permiten ver en la fachada de los pies aquello que no se ve en ninguna catedral gótica: La doble fila de arbotantes que vuelan desde los arranques de las bóvedas de la nave central hasta las torres de planta cuadrada, que actúan como contrafuertes, y convierten a la planta en un gran muñeco de piedra cuyos pies, en vez de disponerse hacia adelante, parecen andar de lado, al estilo de un Charlot arquitectónico, fijado por un arquitecto gótico al suelo de la ciudad.      

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