relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Pirámides

Cuentan que un faraón reunió una vez a todos los sabios de Egipto y les preguntó: 
-Veo que el tiempo pasa para todos y que la gente se muere. Yo también he envejecido y presumo que también voy a morirme. Si me muero, ¿me enterrareis igual que a un hombre?
-Un faraón es un dios - le dijo el más sabio de los sabios- y no puede morirse. No se muere, aunque se muera el hombre que lo contiene. Por eso, su cuerpo será embalsamado y continuará viviendo en el más allá. Lo enterraremos ahí en el desierto, la tierra que el sol domina con sus rayos, y sobre él construiremos una gran pirámide. 
- ¿Una pirámide? ¿Qué es eso? - dijo el faraón
-Es una forma geométrica que tiene forma de rayo de sol. De su vértice en el cielo, surgen sus caras triangulares, rigurosamente iguales y convergentes, que se adaptan por abajo al horizonte. El sol es el origen de la vida y vence cada día a la muerte en el amanecer. Para representar a la vida debemos de construir una pirámide.
-¿Y de dónde sacaremos los rayos para construir la pirámide?
-De las piedras del desierto. Ellas guardan el calor del sol y se tragan los rayos de las tormentas desde el origen del tiempo.
El faraón se quedó mirando reflexivo a la arena del desierto y supo que, finalmente, él también se moriría.

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