relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Antibelicismo

El Guernica. Pablo Ruiz Picasso. Óleo sobre lienzo.  3,5 por 7,5 m. 1937. Museo Reina Sofía. Madrid.
Picasso, el pintor vivo de mayor prestigio en el siglo XX, recibe el encargo del gobierno de la República española de realizar la decoración del pabellón español de la Exposición Universal de París de 1937. Para entonces, él aún no tiene el carnet del partido comunista, aunque, comenzada ya la guerra civil, ha aceptado en septiembre de 1936 el nombramiento de director del Museo del Prado para sumarse al bando republicano. El nombramiento resulta tan propagándístico que su aceptación no implicó en ningún caso la necesidad de que el nuevo cargo tomase posesión de su plaza en Madrid. En París, por lo tanto, el nuevo director del Museo del Prado decide hacer este cuadro de dimensiones enormes (3,5 por 7,5 metros) cuyo asunto es la crueldad de la guerra, y lo titula "Guernica", para aludir al reciente bombardeo de la ciudad, símbolo del foralismo vasco, por los aviones nazis. En él mezcla expresionismo, cubismo y organicismo surrealista, pero también y sobre todo la influencia recibida de Goya y de la luz tenebrista de Velazquez.
Es un óleo aparentemente monócromo (sus grises tienen rosas y azules) en el que la luz representa la esperanza y la razón (la ilustración). En la penumbra se sitúan la mayor parte de las figuras, que tienen formas redondeadas, un tanto orgánicas, y un facetado tal, que a veces parecen simples recortes de papel. Linea y luz, como en Velázquez, construyen la profundidad de la habitación, cuyo fondo se sitúa en la mitad izquierda del lienzo.
El grupo central se compone en un ancho triángulo en el que se integran: El caballo herido que lanza un relincho salvaje y culmina el triángulo, un guerrero descuartizado, en el suelo, y una mujer que se arrodilla a la derecha. Sobre ellos la bombilla, el quinqué y, en penumbra, la paloma. El quinqué y un rostro femenino, sobre el triángulo, parecen invadir la habitación cerrada, tras abrirse una puerta blanca. Junto a la flor de la mano del guerrero, es esta luz la única fuerza positiva, la única esperanza... Por eso, tal vez, el horror es mayor a los lados. A la derecha una madre llora amargamente a su bebé muerto, bajo un gran toro en reposo. A la izquierda es el fuego de un incendio el que hace levantar los brazos a la figura que apenas consigue salir de la penumbra en su mitad superior.
El cuadro gustó mucho y provocó interpretaciones simbólicas muy diversas que Picasso aceptó unas veces y otras contradijo. ¿El toro es la brutalidad española o es su yo sexual aberrante? ¿El caballo es el fascismo o la víctima del toro? ¿La bombilla (el último añadido) es una bomba pequeña?  ¿La paloma, paz herida?  ¿La mujer y el niño muerto son una piedad laica? No sabemos realmente, pues él no quiso aclararlo.
El Guernica se quedó en París en tanto se resolvía la guerra civil. A su término Picasso decidió que, siendo el cuadro propiedad de la República derrotada, no debería volver a España hasta que aquí no hubiese un régimen democrático. Por eso el cuadro acabó en el MOMA, en Nueva York, y hubo que esperar a que muriesen Picasso (primero) y Franco (después), para que el Ministro de Cultura, Javier Tusel, culminase las negociaciones para traer el cuadro a España. Después de su paso por el Casón del Buen Retiro, el Guernica se expone en el Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía en donde hoy se mantiene, pero son muchos los que piensan que el destino soñado por su autor era el del Museo del Prado, en donde los fusilamientos de Goya esperan establecer un diálogo sobre  la paz y la guerra, que sigue siendo necesario.
Una última cuestión. El cuadro y el autor han sido y siguen siendo un símbolo para la izquierda y, especialmente, para el Partido Comunista en el que ingresa después de la 2ª guerra  mundial. Puesto que el artista y el partido se mantuvieron muy unidos en la propaganda, interesará saber que Picasso no tuvo ningún empacho en cobrar la cantidad estipulada en su contrato con el gobierno de la República. Fueron 200.000 francos, una cantidad muy respetable para un país en guerra y sumido en la miseria. Tenía derecho a cobrarlos, es verdad, sin embargo el mito de un Picasso revolucionario se resiente por el comportamiento reseñado. Picasso fue un gran artista, sí, pero no merece ser llevado a los altares como símbolo de comunismo ni de generosidad con la República y con España. 

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