relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Anfiteatro

Los romanos admiraron mucho a los griegos, pero no los entendieron bien. Los griegos, racionalistas, eran partidarios de la teoría. Buscaban siempre la fórmula para resolver los problemas. Por eso inventaron el módulo y construyeron edificios bellos y proporcionados, aplicando los módulos dóricos, jónicos o corintios a las fachadas de sus templos, sin mezclarlos casi nunca, pues cada edificio tenía su orden y cada orden tenía su módulo. 
Los romanos eran pragmáticos. Para ellos lo importante no era que el edificio fuera bello o proporcionado, lo importante es que sirviera, de modo que se aplicaban antes al diseño de sus partes, según las necesidades, y  luego, para decorar sus fachadas, empleaban los órdenes clásicos todos juntos, superpuestos, extrayendo de lo griego las formas de cada orden y olvidando por completo el módulo que contuvieron al nacer.
Esto mismo es lo que hicieron los romanos en el anfiteatro Flavio, el llamado Coliseo por construirse sobre el lugar en que estuvo una estatua colosal de Nerón. Pues bien, el anfiteatro (doble teatro) sirve para hacer espectáculos sangrientos como los combates entre gladiadores o los combates de fieras y es como una plaza de toros, que se compone de dos partes: La arena en donde se produce el espectáculo y el graderío.
La arena es de forma elíptica (ovoide, más bien) y contiene bajo ella la tramoya del espectáculo. El graderío esta construido, e incluye bajo él los pasillos de acceso que salen al exterior por los vomitorios. Estos vomitorios contienen el origen del sistema de construcción abovedado romano, con bóvedas anulares, de cañón y las primeras bóvedas de arista de la historia, practicadas generalmente con el opus cementicium (mortero u hormigón) sobre muros de ladrillo. El edificio acababa en su parte externa con una delgada piel de sillares (los sillares son muy caros). Como el graderío era muy extenso (téngase en cuenta que albergaba a más de 50.000 espectadores), los pisos del edificio y de la fachada fueron cuatro. Así que sobre la estructura de la construcción externa, basada en la sucesión de arcos de medio punto sobre pilares, se añadieron las admiradas columnas griegas y un pequeño entablamento. Se pusieron columnas de orden dórico toscano (con basa y con fuste liso) en el piso inferior, jónicas en el piso siguiente, corintio en el de más arriba, y el último, que es todo mural (sin arcos), tiene pilastras compuestas (una síntesis de jónico y corintio). Este es el motivo romano del arco (funcional) enmarcado por dinteles (decorativos), un motivo que será muy utilizado en el renacimento bajo el nombra de Serliana (de Serlio) o de motivo Paladiano (de Palladio).
Se ve en la fotografía (a la derecha desaparece la fachada) que el Coliseo es una ruina. Es verdad, durante toda la Edad Media, se utilizó el edificio como cantera. Al parecer, son los Papas del renacimiento los que detienen el expolio y permiten que una parte de la gran fachada haya llegado hasta hoy.
( Ver http://www.youtube.com/watch?v=FZzdGvYBeIo&feature=relmfu )

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