relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Fieras

Si el crítico Louis Leroi fue el inventor del Impresionismo en 1874, fue también otro crítico, que también se llamaba Louis, Louis Vaucelles, el que dio nombre en 1905 al Fauvismo. El nombre es también irónico y proviene del título del artículo escrito para comentar el Salón de Otoño de aquel año en París, en el que el carácter provocador del uso del color, que hicieron los pintores agrupados en torno a Matisse, y la presencia en el centro de sala de exposiciones de una esculturilla de aspecto renacentista, permitió excalmar al periodista: "Donatello parmi les fauves" (Donatello entre las fieras).
Henri Matisse   El retrato con la raya verde. Copenhague, Museo Real de Bellas Artes. 0,40 x 0,325 m. 1905-1906 
Henri Matisse, el autor que firma "El retrato con la raya verde", es su representante más conocido y reconocido. Él, por ejemplo, tiene el honor de ser el artista más admirado por el número uno de los artistas del siglo XX: Picasso. También fue amigo de Iturrino, un pintor fauve muy interesante que se puede contemplar en el Museo de Bellas Artes de Santander.
Como se ve, Matisse toma de Gauguin el color arbitrario (mirad el color verde del centro de la cara o el azul marino y ¡el rojo! del cabello). Para él, "el color ha de ser pensado, soñado, imaginado". El color lo pone el autor, puesto que se expresa a través de él. También de Gauguin hereda la línea cloissoné, que separa campos de color o bien esa otra línea curva decorativa que crea ritmos visuales en las formas que describe o que decora (por ejemplo, las V oscuras del cuello de la camisa), mientras el dibujo se simplifica sustancialmente pero usando siempre líneas de color. Además, en la obra comentada, el color todavía modela, por contraste de luminosidad entre los tonos de colores diferentes, como se observa en la cara (de tonos rosas a la derecha y amarillos a la izquierda), del peinado (en donde hay una gradación de azules muy explícita) y en el fondo azul. Sin embargo, este mismo azul frío, se opone al fondo cálido de la izquierda (rojo, abajo, y morado - que es mezcla de azul y rojo- arriba), lo cual rompe con la idea de profundidad, y plantea el espacio del cuadro como un espacio plano, sin perspectiva (con excepción de la zona de sombra azul oscuro, que proyecta su rostro a la derecha). La factura suelta, con la huella direccional del pincel o la paleta, siguiendo las enseñanzas de los cartones de Toulouse Lautrec o de Van Gogh, es otro de los rasgos fauvistas.

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