relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Estatuillas


Venus de Willendorf. 11cm alto-5,8 ancho. Caliza Oolítica. Naturhistorisches Museum de Viena.
¿Os imagináis a los hombres que llevaban a la Venus de Willendorf? Aunque hace de esto más de 20.000 años, aquellos hombres eran exactamente iguales que nosotros. Eran  igual de listos, igual de valientes, igual de fuertes, tenían nuestros  defectos y nuestras virtudes, porque eran homo sapiens, como nosotros. Sin embargo en su cultura mantenían una importante diferencia: Eran nómadas. Su vida, de cueva en cueva, seguía la ruta por la que circulaban las manadas de los grandes hervíboros de los que se alimentaban, de manera que su escultura tenía que ser por fuerza pequeña. Por eso las Venus tienen un tamaño mínimo (10 cm la que vemos) y exhiben una superficie redondeada, una estructura en forma de rombo con sus vértices suavizados para que en los continuos traslados no se estropearan. Por eso, también, el material es poco quebradizo (piedra caliza en este caso).
La estatuilla debía de ser importante para ellos: ¿La véis bien? Es una mujer de formas anchas, con los pechos, las nalgas y el vientre muy exagerados. Esas partes son los atributos de la fertilidad que se pretendía proteger, mientras que su cabeza se geometriza y sus brazos y piernas se minimizan. Tanto se minimizan los brazos que, si no se pone mucho interés, apenas se distinguen, apoyados sobre los gruesos senos, como cinta lineal sin importancia. Con respecto a la cabeza es inútil buscarle ojos, boca o nariz. La figura es tan anónima que no tiene rostro. La cabeza es una esfera decorada con las formas geométricas de cada uno de los rizos, dispuestos de forma concéntrica.
Estas esculturillas eran pequeños talismanes, mágicos cacharrillos que se llevaban de aquí para allá y se conservaban como tesoros. Hay que pensar que en las condiciones de mortalidad que se sufrían entonces, la mujer que no superaba la decena de embarazos en su vida fértil, ponía en grave riesgo la supervivencia del grupo. De manera que algo había que hacer. Y por eso se inventaron estas Venus que nos hablan del poder de la mujer, del poder de concebir a nuestros hijos y conseguir perpetuar la carga genética de nuestras células por los siglos de los siglos...

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