relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Cómo contar los cuentos a una liebre muerta.

Cómo explicar los cuadros a una liebre muerta. Beuys.1965
Ese soy yo. Parezco un payaso. El Augusto triste del circo con la cara embadurnada de miel. Llevo el rostro así, manchado, porque la miel de las abejas tiene propiedades milagrosas. La producen las pacientes y hacendosas obreras para dársela a la reina y conseguir la extraña y gran metamorfosis de la vida, y yo se lo robo a las rojas obreras para  intentar resucitar a esta pobre liebre muerta. Yo me embadurno con ella, lo mismo que me embadurnaron con cremas y aceites varios cuando mi avión se incendió en el Caúcaso. Con ello salvé mi vida.
La liebre es como un bebé muerto. Aún no sabe hablar, no me entiende, sin embargo yo sigo contándole esta historia, día a día, hora a hora, como hacen las madres con sus hijos, a pesar de que saben que sus bebés no las entienden todavía. Así es. Ellas no dejan de hablarles en su idioma y yo hago lo mismo con mi liebre. Pienso en el gran sufrimiento de la Piedad y en el cuerpo de Cristo muerto. Sufro en mi corazón un dolor profundo. Me duele esta muerte inmensa. Mi rostro, aunque en blanco y negro, recuerda al de la Piedad de Miguel Ángel o al del Nicodemo del descendimiento de Roger Van der Weiden. Llevo ensayándolo un lustro, intentando que se vea esa concentración, ese ensimismamiento sereno, reflexivo, callado, esa tristeza profunda.
Voy vestido de cazador. Llevo un anillo en el dedo y una argolla en el chaleco. Seguro que pensaréis que yo he matado a la liebre, pero quiero que penséis que también yo la he salvado con mis cuentos, con la miel de las abejas o con el fieltro que se esconde en mis botas y me salvó de la muerte en Crimea... Soy un artista, soy dios, un sacerdote, el chamán del más allá en este mundo ateo y descreído, la Virgen de la Piedad que pide la resurrección. Hoy en día no hay más culto posible que el mío. El del hombre que se casa y es fecundo, el del hombre que piensa y que nos mira al mismo tiempo, el que escapó de milagro de la muerte, el del artista que nos salva y que nos mata, el que hace arte inmaterial porque no deja residuos, el que hace un arte que está hecho solamente con ideas y vive su vida total como si ésta fuera una gran obra de arte. Yo soy Joseph, soy José, padre y madre, ungido por miel de abejas, el salvador de una liebre, delante de unas cortinas y rodeado de cuadros...

Lee en la web este artículo. Es fantástico.  http://www.homines.com/arte_xx/joseph_beuys/index.htm

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