relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Un retrato colectivo


La ronda de noche. Rembrandt Van Rijn. 1642.Óleo sobre lienzo.359 por 438 cm. Rijksmuseum. Amsterdam.
Como tesorero del gremio de los los arcabuceros de la ciudad de Amsterdam he ingresado en la cuenta del pintor Rembrandt Van Rijn la cantidad de 1600 florines, que antes tuve que recaudar entre los 18 pagadores que aprobaron su composición. La obra no se había planteado para ser pagada a escote. En el gremio, que es una milicia, la jerarquía es una necesidad. Siempre hay una cadena de mando que hay que respetar para que las cosas funcionen. Por eso, en el cuadro de Rembrandt y en mis anotaciones contables, el capitán Frans Banning Cocq y el teniente Willen van Ruytenburg, que aparecen en el centro y en el primer plano, han pagado más que los otros. Y es que su mayor importancia social se reconoce en el cuadro, de manera que al resto de la tropa se le concede una posición más marginal. Mirad por ejemplo, un poquito más atrás de los dos protagonistas a esos tres arcabuceros que representan otros tantos tres momentos sucesivos en el uso del arcabuz: cargar (a la izquierda), tirar (justo en el cogote del teniente) y soplar en la recámara para que salga la pólvora quemada (a la derecha), escuchad el sonoro redoble de tambor, mientras el perro le ladra (un poco más a la derecha), o penetrad en el espacio del cuadro para ver en el segundo plano al resto de los retratados, subidos a las escaleras o rellenando los espacios laterales, con sus bigotes y barbas, con sus vestidos de negro y sus golillas almidonadas, con sus cascos de metal y sombreros de fieltro, con sus lanzas o con su banderas... Entre estos, además, hay una niña, cuyo rostro se parece al de la esposa del pintor, con el emblema del gremio (un gallo), que aparece por detrás de otra figura de pequeño tamaño y que se mueve junto a ella hacia la derecha, como en un juego infantil. 
La ronda de noche. Detalle con Saskia
La ronda de noche. Rembrandt. Detalle con la orden y el disparo
Llama la atención la veracidad de las acciones y el gran parecido de los retratos, pero eso no ha sido obstáculo para que hayan surgido algunas críticas. Los detractores del cuadro se quejan de la penumbra que invade a la mayor parte de las figuras, lo que ha llevado a que algunos hagan el chiste de que hacemos prácticas nocturnas, o del marco arquitectónico desconocido de ese fondo de una puerta inexistente, y también de que resulta muy poco apropiada para un gremio tan marcial como el de los arcabuceros el desorden que se registra. Rembrandt se ha defendido intentando convencernos de que la gradación de la luz permite resaltar lo más importante (la orden del capitán al teniente y el emblema), que el momento elegido, que es justo aquel en el que se produce la orden, es el más importante, porque de él resultan los efectos positivos de la colaboración ciudadana, y que el marco arquitectónico inventado es un marco clásico que dignifica el contenido racional de la orden. 
Yo entiendo que los que critican tienen poca razón porque no valoran cualidades como son la dimensión, semejante a la de los antiguos cuadros de altar, y esa rara habilidad que tiene el artista para mostrar la espontaneidad de la gente. Esa habilidad es producto de una intensa observación de los detalles, y exige una representación ordenada y jerarquizada. Aquí, en las Provincias Unidas, hicimos surgir un estado que brotó de nuestra independencia contra la iglesia de Roma y el Imperio español de los Austrias. Este estado se fundamenta en la colaboración de cada uno de sus miembros y en la libre aceptación de un orden o poder colectivo antiguo de origen gremial. En ésta sociedad libre con mayoría calvinista, cuadros como éste de Rembrandt expresan con claridad el contenido de nuestra vocación colectiva y la justificación de nuestro nuevo orden político ciudadano, un poder que está presente en el gesto del capitán y que sirve para ordenar el caos.

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