relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

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Concurso

Relieves en bronce del Sacrificio de Isaac para el concurso. Museo de la catedral de Florencia
Si hay un concurso importante en la Historia del Arte es aquel famoso que se produjo en Florencia, en 1401, para realizar las segundas puertas de su Baptisterio, situadas sólo unos metros delante de la fachada de su catedral, aún inacabada, de Santa María de las Flores.
Todo el mundo sabe que con este concurso se inicia el movimiento renovador más importante de la historia del arte, el Quattrocento italiano, es decir, el Renacimiento, y una rivalidad entre sus dos "finalistas": Lorenzo Ghiberti y Filippo Brunelleschi, una rivalidad que continuaría con la edificación de la cúpula de la catedral a pesar de que el prestigio del segundo como investigador de la antigüedad de las ruinas de Roma, como inventor de la perspectiva y como verdadero autor de ésta lo convierte en el verdadero padre del renacimiento y aplasta por lo tanto al primero.
Sin embargo, la historia cuenta que en este concurso Brunelleschi es derrotado por Ghiberti con la obra que aquí os muestro, lo que permite a Lorenzo la realización de las segundas puertas (las primeras, de Andrea Pisano, son del trecento), todavía con el marco medieval gótico cuadrilobulado (1403-1424), y luego las terceras puertas o "Puertas del paraíso" (1425-1452) con diez escenas del antiguo testamento con marco rectangular. 
La victoria de Ghiberti es discutible. Aquí tenemos la prueba de ello, pues podemos contemplar en el Museo de la catedral de Florencia las dos obras presentadas a concurso, realizadas en bronce, sobre un marco cuadrilobulado y sobre el conocido tema del sacrificio de Isaac. Hay quien dice que Brunelleschi era mejor y hay quien calla, pero hay pocos que voten hoy a favor de Ghiberti. En realidad, son dos obras de primera calidad, lo que permitiría que en la elección intervenga el gusto de cada cual. Pues bien, os propongo que miréis bien las dos obras y que aprendamos algo de nuestro gusto, al apreciar los valores de los dos contendientes.
Ghiberti, que pertenecía al gremio de los plateros, sabía trabajar mejor el material. Presenta el trabajo en una sóla plancha y sabe resolver cada detalle con la minuciosidad de quien siempre tiene a mano una lupa, a pesar de que el paisaje de fondo sea tan esquemático como lo era en el trecento de Giotto. Su sensibilidad denota ya un gusto por el desnudo que resulta evidente al analizar la hermosa figura de Isaac. Hay también un interés por alcanzar una proporción canónica, por dar a las figuras movimientos elegantes y un gusto por la línea curva, que en el caso del ropaje aún en vuelo de Abraham sirve para dar una somera sensación de movimiento. Además, se suele señalar una reducida sensibilidad perspectívica en la diagonal básica de su composición, porque a pesar de que hay tres planos diferenciados, sus tamaños no se corresponden con su profundidad relativa. En la escena representada es la voz del ángel del último plano, un ángel que nos recuerda a los de los ángeles escorzados de Giotto, la que detiene el sacrificio, mientras los criados del primer plano y el cordero -que compensa al otro lado el volumen del ángel, fuera de la diagonal- están al margen de la acción. 
Brunelleschi es menos hábil con el material, aunque quizá lo sea más con el lápiz del dibujo. Él presenta cuatro planchas ensambladas en las que trata de que el planteamiento perspectívico tenga una mayor  jerarquía, pero su fondo carece casi absolutamente de paisaje. En efecto, se distinguen los dos planos de su perspectiva alta de forma más clara. En el primer plano, a la izquierda, se hace un guiño a los entendidos porque aparece una figura que nos recuerda al célebre espinario (escultura helenística de un niño sacándose la espina de un pie), mientras que a la derecha del asno sitúa a un criado en escorzo que juega un papel semejante a los de las figuras de los primeros planos del Giotto. El desnudo de Isaac ha perdido aquí todo el erotismo del de Ghiberti para ganar en horror. Y es que Brunelleschi nos enseña la violencia que Ghiberti nos esconde, porque éste prefiere mostrarnos la belleza del cuerpo. Además, ya no es una voz la que detiene el sacrificio, sino un movimiento firme y decidido del ángel enorme que aparece a la derecha y que detiene de golpe el brazo homicida de Abraham. Hay incluso un efecto subjetivo, el de los paños al viento de la túnica de éste, que son como ramas de un árbol concertadas para impedir su movimiento o al menos para hacerlo más difícil. Mientras tanto, a la derecha, en el mismo segundo plano, al lado de Isaac y ajeno a todo, el cordero se rasca la cabeza y es señalado por el ángel... Un relato, por lo tanto, más expresivo, más intenso, más violento... Con Brunelleschi estamos viendo cómo se detiene una tragedia, con Ghiberti apreciamos la elegancia y la belleza de quienes participan en ella.
( http://www.youtube.com/watch?v=sTfTJOMANUY )

La cúpula de Brunelleschi

Siempre he temido esta clase... Sucede que me resulta muy difícil explicar la forma en que Brunelleschi consiguió el enorme éxito de acabar esta gran obra, la cúpula de Santa María de las Flores, que se edifica entre 1420 y 1450 en su ciudad, Florencia. Él fue profeta en su tierra porque era florentino y porque consiguió acabar la catedral de su ciudad, cuando nadie sabía cómo hacerlo. No era cuestión de dinero. Era simplemente imposible para todos, pero no para él.
Lo hizo con cálculo y previsión. Todavía hoy no sabemos exactamente cómo. Por eso le tengo miedo a esta clase. Él guardó con gran cuidado los secretos de su construcción, pues temía que Guiberti, su rival, se aprovechase de su sabiduría. Por eso, apenas tenemos más argumentos que lo que tenemos delante, el cuerpo del delito, lo que está sobre el prisma octogonal horadado por las ocho óculos o ventanas circulares, es decir: la maravillosa doble cúpula y su linterna culminante.
Ésta, al parecer, fue la historia del edificio: Arnolfo di Cambio había construido los pies de la catedral en el siglo anterior, por lo que al principio del siglo XV se planteaba la necesidad de concluir la cabecera. Hay quien dice que, además, hubo otro arquitecto intermedio, llamado Francesco Talenti, a fines del siglo XIV, que construyó un tambor de planta octogonal que creaba un hueco inmenso, pues su anchura de 40 metros equivalía a la suma de la nave central y de las dos laterales, y a una altura tal que construir andamios desde el suelo resultaba muy caro y arriesgado.
Con Talenti o sin Talenti, Brunelleschi, que había perdido ya un concurso ante Guiberti (el famoso de las segundas puertas del Baptisterio), se presenta a un segundo concurso para acabar la cabecera en 1418 y lo gana con el proyecto de la cúpula, que en realidad son dos cascarones que se forman cada uno por ocho bóvedas esquifadas, triángulos convergentes, entre nervios de mármol blanco, que producen en conjunto una forma semejante al de una semiesfera, y que dejan un espacio hueco intermedio en el que se introducen ligaduras de hierro y vigas de madera que enlazan entre sí las dos estructuras (la exterior ligeramente apuntada).
Para evitar la construcción de las cimbras, esos arcos de madera sobre los que se disponían los sillares de los nervios diagonales de las catedrales góticas, con el consiguiente ahorro en carpintería, alterna la construcción del casco interior y exterior de forma que la tensión producida por uno compense la del otro, y copia el aparejo de espina de pez, que había estudiado  en el Panteón, en su estancia juvenil en Roma, y que consiste en la disposición en espiral de los ladrillos del modo que se explica en el esquema. Así llega hasta los cien metros de altura, utilizando piedra en el tercio inferior y ladrillo en la parte superior, y deja un hueco en el centro, semejante al que existe aún en el Panteón.
Sobre este hueco, a partir de 1446, se construye la linterna con forma de prisma de base octogonal, proyectada por el mismo Brunelleschi, horadada de ventanas que iluminan y rodeada por ocho contrafuertes, que elevan el conjunto otros 15 m. El artista muere ese mismo año y más de diez antes de que se concluyan los trabajos con el tejado cónico realizado por Verrochio en 1469. La imponente cúpula se remata aún más tarde con las tejas exteriores que impiden su deterioro e introducen al conjunto entre la masa roja de los tejados de Florencia.
A más de 110 metros de altura la obra domina el paisaje de la ciudad y recuerda con su forma semejante a la de una semiesfera al Panteón de Roma. Con su altura, y su complicado sistema de construcción la obra expresa que no hay meta imposible para la ciencia y el arte florentino, que los orgullosos ciudadanos de la rica e industriosa ciudad de Florencia no se detienen ante los problemas. El muy rico gremio de la lana paga y los mejores artistas del mundo responden, creando un arte que recuerda con orgullo la armonía y el pragmatismo de sus antecedentes romanos, ese arte arquitectónico que midió y estudió Brunelleschi con todo detenimiento en su juventud y que ahora renace con su obra en el Quattrocento florentino.
http://www.youtube.com/watch?NR=1&v=RO22gB_fbiE&feature=fvwp