relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

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Centauros del desierto

Vuelve Ethan a su hogar,
el día está amaneciendo.
Añora su casa lejana,
el desierto queda atrás.
Descabalga su montura
y muestra el botín que ha traído:
La novia va en busca del joven,
y la madre reconoce
a la hija que los indios se llevaron,
y traspasan el umbral,
y todos entran adentro, 
salvo el héroe que al final
está infectado en la duda.
Le da la espalda a la casa
y se sumerge en la luz,
y entonces se cierra la puerta.

Luces de la ciudad


Hoy y he visto una vez más la última escena de "luces de la ciudad". La ponían en TCM. Me he topado con ella al zapear y no he podido resistirme. Decir que me encanta es decir poco. Me emociona. Veo al Charlot-mendigo, que viene de la cárcel y que acaba de ser humillado por los chicos de la calle, justo en el momento en que se encuentra con su amada, la bella y rubia cieguita que ahora está tras el limpio cristal del escaparate de una floristería en el centro de la ciudad. En ese momento el joven mendigo siente que su corazón se rompe. Ella está preciosa y no puede reconocerle aún, porque esa es la primera vez que puede verlo, a pesar de haber sido él su benefactor. Sin embargo algo le llama la atención en el rostro del mendigo que le impulsa a salir afuera para darle una limosna y una flor que sustituya a la que él ha destrozado entre sus manos, presa del nerviosismo, al descubrirla en la tienda. Ella intenta convencerlo de que coja sus presentes, mientras él hace por irse, pero ella le detiene y al tocar su mano, de pronto, su rostro se ilumina. Acaba de darse cuenta de que es él. El hombre que pagó para operarla de la vista y que luego desapareció sin dejar pistas. Entonces ella, que recorre su cuerpo para estar totalmente segura, pone la mano de Charlot sobre su pecho y le entrega su belleza.
¿Será verdad lo que dicen las imágenes? ¿Será verdad que ella lo ama, aunque sepa, finalmente, que él es tan sólo un mendigo, un joven sin oficio y sin futuro? Sí, es verdad. La verdad pura del arte.

2001. Una odisea en el espacio.

Son muchos los que, habiendo leído el cuento de Arthur C. Clarke que dio origen a la más famosa de las películas de ciencia-ficción de Stanley Kubrick, "2001. Una odisea en el espacio", deducen que la historia incluye la intervención de los extraterrestres. Es cierto que en el relato de Clarke ("El centinela", publicado en 1951) y en la novela que escribe al tiempo que actúa como guionista (el estreno se produjo en 1968) fueron los extraterrestres la inteligencia superior que había dejado los conocidos monolitos, aquellos que en las distintas partes de la película ponían en funcionamiento el mecanismo de la evolución del hombre. La película, sin embargo, suele ser una obra diferente a la que hay que juzgar por lo que dice o muestra y, la verdad, si dejamos a la película sola, los extraterrestres no aparecen.
La película, en efecto, se divide en cuatro partes. Son las siguientes:
1º- La que sucede en la tierra, en los momentos finales de la era terciaria, cuando surgen los hombres de entre los simios.
2º- La que sucede en la luna, en donde vuelve a aparecer el monolito ante unos astronautas terrestres del siglo XXI.
3º- La del trágico viaje hacia Júpiter, del que sólo quedará un único superviviente.
4º- Una habitación de estilo dieciochesco en la que, tras el súbito envejecimiento del personaje, se produce el último paso en el camino de la evolución, que se representa a través de un feto, con los ojos abiertos, que mira fijamente hacia tierra. Con él y bajo el fondo musical de "Así habló Zarathustra" de Richard Strauss, que había sonado ya en el primer paso evolutivo de la 1ª parte, se acaba la película.  
El ojo de Hal. Detalle de un fotograma de la película
Las obras de Kubrick y Clarke tienen en común el hecho de que la evolución se produce siempre asociada a la aparición de monolitos, pero su origen es algo que al cineasta no le interesa. Ese no es su problema. Lo que le preocupa es otra cosa más importante: El destino del hombre.
Según se nos muestra al final, el siguiente paso en nuestra evolución será ese ser con los ojos abiertos, ese ser sabio y consciente que podemos ver en el citado fotograma, que concluye la obra y que aparece también aquí arriba, introduciendo este artículo.
Para entender bien esta imagen interesa conocer que, según nos cuenta el propio Kubrick, su intención era evitar que la primera parte de su película estuviera interpretada por actores disfrazados de mono. Él pretendía que los actores tuvieran la apariencia del Pithecánthropus Pekinensis, el fósil humano que acababa de ser descubierto en China con la ayuda del Padre Teyllard de Chardin. Sin embargo, los problemas con la censura que hubieran resultado de un rodaje con actores desnudos impidieron el proyecto y llevaron a que esta primera parte se hiciera con "simios humanizados". Pues bien, este mismo Padre Teyllard fue el autor de una teoría de la evolución que estuvo muy vigente en los círculos progresistas católicos de la época. En ella, el Padre teólogo y paleontólogo planteaba un proceso evolutivo regido por la "ley de complejidad conciencia", que concluía con una idea semejante a la que Kubrick apuntaba. En consecuencia, plantear que Dios podía estar detrás de los monolitos no resultaba entonces muy contradictorio.
Los poquitos que hoy en día defienden esta hipótesis, sin embargo, padecen de la misma enfermedad que los que defienden la teoría de los extraterrestres, inspirada en los relatos de Clarke. Frente a ambos, yo repito que, en la película, no se habla ni de lo uno ni de lo otro porque el director rechaza plantear esta cuestión (si hubiera querido hacerlo, nada se lo hubiera impedido) y resalto, además, que lo que sí se muestra es el sentido del futuro de la evolución humana, un futuro también asociado a la presencia de ese extraño principio material que lo liga con la historia del hombre, y un futuro que se condensa en la imagen del niño que mira a la tierra. De este modo Kubrick es capaz de iluminar nuestro destino como especie consciente en medio del universo.

Metartístico

En "el espíritu de la colmena" (1976), Victor Erice nos cuenta la historia de una niña que alimenta su pensamiento con la fuerza del amor de Frankestein. En la pobre y rural España de la posguerra, las imágenes del cine construyeron una realidad virtual digna y emotiva. La niña protagonista, fascinada por el monstruo, se escapa de la triste realidad de aquellos años y se refugia en el cine. 
Las historias se cuentan en el cine con tanta verosimilitud que ocupan nuestras mentes con mucha más intensidad y eficacia que las imágenes de la angustiosa realidad que nos rodea. Como la niña de Erice, preferimos la mentira del arte a la infame realidad, porque el arte nos entrega unos sentidos coherentes, porque lo que pasa se comprende, si uno ve y escucha lo suficiente, y porque el arte mantiene la idea de la belleza y el culto a lo acabado, a lo redondo, a lo bueno. Todo lo contrario nos sucede cada día con la mediocridad de nuestra vida, con esas sorpresas imprevistas, con la inmensa variedad que nos rodea. El arte sirve para modelar el infinito, para intentar resumir y concretar la masa informe de la realidad y para darle un nombre y conectarla con la inmensa cadena del tiempo.
Teniendo en cuenta sus grandes responsabilidades, el arte, además de pensar en el sentido verdadero de las cosas, reflexiona cada vez con mayor fuerza sobre las trampas que conlleva la creación y sobre el lenguaje que utilizan los artistas para decir lo que dicen, a pesar de que, como dijo Orson Wells en "Fake", en el arte, en realidad, todo lo que sucede no es más que una gran mentira.
http://www.youtube.com/watch?v=j7lCSR4hF4s

La lágrima de Bergamín

Guernica. Pablo Ruiz Picasso. 7,77 por 3,39 m. Museo Reina Sofía. Madrid. 1937. Oleo sobre lienzo.
Dicen que José Bergamín, el conocido e influyente poeta del veintisiete, el hombre que consiguió ser cristiano y comunista al mismo tiempo, fue el inductor del tema del Guernica de Picasso. Dicen que también fue el máximo responsable de que éste no modificase el carácter monócromo que tenía su gran cuadro, cuyo juego dominante con el gris y el blanco y negro no le satisfacía totalmente. Argumentaba Don Pablo, antes de que el Guernica fuera expuesto en la Exposición Internacional de París de 1937, que él era pintor y no grabador y que nunca se había visto una obra tan inmensa sin un gesto de color, pero Bergamín contestaba que el Guernica estaba bien así y le rogaba que no lo cambiase. Para intentar convencerlo, le propuso cubrir el lienzo con papeles de colores hasta transformarlo en una especie de mosaico, según la intención de su autor. Éste aceptó la idea y, días más tarde, contempló con rostro grave el resultado del proceso... Estaba claro que se había equivocado. Con colores planos el Guernica era un pastiche, una obra fofa, fallida, sin sentido. De manera que Picasso ordenó desandar lo andado y olvidarse de añadidos.
Pronto se cumplió su deseo, pero un redondo papel rojo se olvidó sobre el Guernica. 
Bergamín se lo hizo notar:
-Es una lágrima roja- dijo.
Picasso tomó en sus manos el collage de color púrpura y se lo entregó a su interlocutor:
-Toma- añadió-. Cuando se abra al público la exposición, pon la lágrima donde quieras. Al caballo, a la paloma, a la madre, en el niño o el soldado. A cualquiera le vendrá bien. 
Bergamín no le hizo caso. Tal vez porque no se atrevió, tal vez porque no quiso hacerlo.
Muchos años después, en 1993, Steven Spielverg realizó "La lista de Schindler" para acusar al nazismo del Holocausto judío. Spielberg eligió, como Picasso, el blanco y negro para su película y buscó a Bergamín para pedirle consejo. A pesar de que Don José ya se había muerto, Spielberg consiguió encontrar su roja lágrima y la puso en el abrigo de la niña abandonada que camina hacia su casa, en el guetto de Varsovia. 
http://www.rtve.es/alacarta/audios/documentos-rne/documentos-rne-historia-del-guernica-picasso-28-04-12/1388763/

Contra la guerra

Grabando "Senderos de gloria". Kubrick de frente y Kirk Douglas de espaldas a la izquierda.
En 1957, Stanley Kubrick filmó "Senderos de gloria". Entonces sólo era un joven y ambicioso realizador de cine. Sin embargo, fue capaz de realizar la más potente película antibelicista que yo haya visto. 
Kirk Douglas en "Senderos de gloria" (1957)
La 1ª Guerra Mundial (1914-18) y sus frentes protegidos por trincheras aparecen en la pantalla con tan alto realismo que resulta fácil entender la horrible carnicería en la que se vieron atrapados los soldados europeos, convertidos en auténticos títeres de los generales desaprensivos que se critican en la película. Sin embargo, se infravalora la carga nacionalista del enfrentamiento al hacer que los soldados franceses se conmuevan con las canciones alemanas, pintando un mundo de paz y amor que por desgracia no existía.
Los europeos nos hemos matado como salvajes por cuestiones religiosas en la Edad Moderna y por cuestiones económicas y políticas en el siglo XX. Debido a esta terrible experiencia, Europa encabeza hoy el movimiento pacifista y aprovecha la beligerancia yankie para defender sus intereses en una alianza política, llamada OTAN. Entre tanto los europeos seguimos aferrados a la soberanía de nuestros estados, pero asociados en la Europa Unida.
Los romanos nos legaron esta frase: "Dulce et decorum est pro patria mori" y Rousseau dio la razón a los patriotas con el principio de la soberanía nacional. Wilson hizo posible una Europa sin imperios con su defensa del derecho de autodeterminación de las naciones. Nos matamos por la patria en las dos guerras mundiales y después hemos seguido matándonos en Irlanda del Norte, en Yugoslavia o en el País Vasco, hasta ayer mismo... En la película, Kubrick nos descubre la trampa de la guerra. ¿Seguiremos cayendo en ella?

Sin perdón

http://www.youtube.com/watch?v=bbZ3C8xbWec
En "Sin perdón" (1992), Clint Eatswood, hace el papel de viejo asesino que atraviesa una frontera para cobrar la recompensa que ofrecen unas putas por vengarse de la injustificable agresión de unos jóvenes mineros. Cumplido su cometido, en la última escena de la película, el protagonista, que ha ridiculizado previamente al presuntuoso inglés y al francés, que sólo escribe, se monta en su caballo y amenaza a todos con volver y con matarles. Lo hace en un plano medio, con un  ligero contrapicado que engrandece su figura, mientras la lluvia arrecia sobre el pueblo y aparece con orgullo la bandera americana tras su rostro. 
La responsabilidad americana en el orden moral del mundo es algo que se desprende del planteamiento de la película. Una responsabilidad que choca en la historia de la segunda mitad del siglo XX con el pacifismo europeo, potenciado por las dos guerras mundiales y con el amplio desarrollo del marxismo que brinda un marco teórico al análisis de la realidad que hace responsable a los EEUU de gran parte de los conflictos por representar a la esencia del mal del capitalismo y del imperialismo.
Más allá de la ideología subyacente en la intervención americana, se plantea en cada guerra nuestra responsabilidad colectiva frente al mal: ¿Qué se ha de hacer ante los que dejan de respetar las normas, ante aquello que no aceptamos o que nos resulta intolerable? Los americanos creen que tienen algo que decir y siguen sosteniendo conflictos en los cinco continentes.
Aquí, en Europa, la visión materialista de la historia nos cuenta que la guerra se hace siempre por intereses económicos y políticos, pero se olvida con frecuencia que el mal y el bien también existen y que luchar por el bien debería ser obligatorio.