relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

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Asimilarse

Interior de San Juan de Baños. Sillares de piedra, mármol. 661 d C. Baños de Cerrato. Palencia
Los visigodos llegaron a la Península Ibérica de carambola. Ellos fueron un pueblo guerrero que se alió con Roma para auxiliar a los emperadores en su lucha contra otros pueblos bárbaros, como los vándalos y los alanos, lo que provocó que sus ejércitos dejasen atrás los Pirineos para entrar en nuestra tierra. Sin embargo, en el siglo VI, después de ser desalojados de la Galia por los francos, acabaron por fijar su capital en Toledo. 
En los dos siglos que anduvieron por aquí, dirigieron la política contra sus enemigos (suevos, vascos y  bizantinos), formaron una casta aristocrática que se instaló especialmente en las grandes villas romanas de la meseta (los campos góticos) y se vieron sometidos a un lento proceso de asimilación, cuyos puntos culminantes fueron el 589, cuando el rey Recaredo renuncia al arrianismo, y el 651, cuando Recesvinto promulga el Fuero Fuzgo, que es un código de leyes común para visigodos e hispanorromanos. 
Planta de San Juan de Baños
Es este rey, Recesvinto, el que mandó construir este edificio. Él era un rey enfermo que se cura de milagro con el agua de una fuente y que manda construir esta pequeña iglesia, que es también un milagro, un milagro de la arquitectura. 
Cabecera actual de San Juan de Baños
El milagro no proviene ni de su tamaño, sólo 20 m de largo, ni de su estado de conservación, que es deficiente porque faltan las dos capillas laterales originales y porque tiene una espadaña, añadida en el siglo XIX, y dos capillas góticas que desfiguran su planta. El milagro proviene de su excepcionalidad. Y es que, de los escasos restos visigodos que han llegado hasta nosotros, este es el único en el que la intervención del rey es tan cierta como que hay una placa grabada* que se encuentra situada en el muro que remonta el arco triunfal de la capilla mayor hasta la culminación de la nave central. Además es la más rica por los mármoles de los fustes de las columnas, extraídos de un templo clásico anterior, por la calidad de los sillares de la única capilla original que se conserva y porque su planta, su localización y su historia explica de forma múltiple y sutil la enorme capacidad de síntesis de la cultura visigoda. 
Fachada exterior de San Juan desde los pies de la iglesia 
En efecto, las crónicas nos cuentan que Recesvinto tenía gota y que en este lugar de la Meseta existían unas aguas sanadoras reputadas. Pues bien, el rey toma los baños y se le pasan los males, y por consejo de San Ildefonso de Toledo cristianiza las aguas, mandando construir allí mismo, apenas a cien metros de la fuente, esta iglesia, dedicada a San Juan Bautista. Una iglesia para el santo de las aguas, con columnas de mármol extraídas de un templo al dios pagano Esculapio, con los arcos de herradura que trajeron los visigodos del oriente del imperio, y con una planta basilical de tres naves y capiteles corintios sobre columnas de mármol, semejantes a los que se utilizaron en la ciudad eterna. Una joya, por lo tanto, en la que Roma, oriente, paganismo, cristianismo y monarquía se entremezclan. Una brillante luz, también, en las tinieblas de aquel mundo prefeudal ruralizado del que apenas quedan restos. Un edificio, en suma, que expresa de forma clara que aquellos reyes débiles, sometidos a la elección de los obispos y los nobles, tienen ya las mismas aguas, las mismas leyes y la misma religión que la mayoría hispanorromana del país en donde mandan y viven.

*Así reza la inscripción de San Juan de Baños:"Precursor del señor, Mártir, Juan Bautista, posee el eterno don de esta basílica para ti construida; la cual devoto yo, Recesvinto Rey, amador de tu nombre, te he dedicado, erigiéndola y dotándola a expensas mías y dentro del territorio de mi propia heredad en la era 699, año décimo tercero de mi glorioso correinato".

El mozárabe gallego

Cuando uno entra en el monasterio de Celanova y se topa con la Iglesia mozárabe de San Miguel siente un golpe estético demoledor: ¿Es posible que sea eso, esa casa de muñecas de ocho metros de largo, tres metros de ancho y apenas seis de alto? 
Lo es. Su tamaño es un signo del período oscuro del que hablamos, en el que la ruralización fue casi absoluta y en el que la arquitectura fue por lo tanto un ejercicio excepcional. 
Con todo, el edificio destaca más aún por cuanto está construído con sillares de duro granito en una época sin canteros y por llevar grabado en sus piedras la cultura musulmana del califato de Córdoba del siglo X. Son elementos estéticos originados en Al Ándalus, los modillones de rollos de la muy saliente cornisa, el alfiz sobre el arco de herradura en la puerta de acceso a la capilla del presbiterio, los contrafuertes en la fachada, una bóveda de aristas sobre la cella nova central y otra gallonada sobre la pequeña capilla. También hay una inscripción grabada sobre el dintel en la que Froila (Froilán),"pecador e indigno siervo de Dios", pide la oración.
Esta pequeña joya de piedra, esta pequeña maravilla debió de construirse alrededor del 940 d.C. de la mano de monjes mozárabes que fueron atraídos hacia el Norte para repoblar territorios deshabitados por las casas nobiliarias del reino de León a las que pertenecían San Rosendo, obispo de Mondoñedo, y su hermano San Froilán, el directo fundador del monasterio. 
La cultura mozárabe debió de ser un importante instrumento de poder y tal vez pretendió configurar una unidad cultural de rito y lengua en el Reino de León (San Miguel de Escalada al Sur de León, San Cebrián de Mazote al borde del Duero y Santa María de Lebeña  en la Cordillera Cantábrica), una especie de Ministerio de Cultura, a nivel de siglo X, consagrado a unificar un mundo sometido a las tendencias disgregadoras que las nuevas lenguas romances y las tradiciones particulares estaban gestando en el reino. Para ello nada mejor que fundar un nuevo monasterio, un centro cultural que escribe y copia manuscritos en su scriptorium.    

Capiteles historiados

A uno de los dos pilares, construidos con sillares de piedra y situados bajo el tramo de crucero de la iglesia visigótica de San Pedro de la Nave a finales del siglo VII, se adosa esta columna con un capitel en el que figura un relieve historiado en piedra que nos narra la historia de Abraham. Justo enfrente hay otro capitel con el relieve de Daniel entre los leones. Ambos tienen el mismo tamaño y el mismo planteamiento. Arriba un cimacio sobre el que carga el arco toral de herradura, con una decoración de roleos con aves y formas vegetales, procedentes de la esquematización de modelos contemporáneos bizantinos. Debajo el capitel en forma de tronco de pirámide invertida que culmina con un pequeño listel que aclara lo representado con una inscripción.
Lo representado en el frente externo del capitel está muy claro. En el centro, Abraham está armando su brazo justo antes de llevar el puñal sobre su hijo. Isaac está a su izquierda, obligado por Abraham, que le sujeta por sus cabellos, a bajar su cabeza hacia el altar del sacrificio. En los extremos, en el espacio de arriba, aparecen las otras dos figuras: La mano de Dios, que sale de una nube para detener a Abraham y el cordero que sustituirá a Isaac entre unas matas.
La representación es expresiva de la decadencia provocada por la extrema ruralización de la época prerrománica. Un mundo sin ciudades es un mundo sin escuelas en el que entran en crisis los conceptos clásicos. Un simple vistazo a la obra nos permite ver que el canon griego y la búsqueda de la profundidad del relieve histórico romano han entrado en crisis, lo mismo que la representación de la realidad y de los sentimientos humanos. En efecto las figuras humanas parecen simples monigotes que no sufren ni disfrutan y tienen cabezas y manos desproporcionadas, las figuras vuelven a ser representadas de perfil, con arreglo a la antigua ley de la frontalidad, y los fondos son planos, sin ninguna referencia de paisaje, salvo la esquemática mata en la que se encuentra el cordero. Sin embargo, lo que se pierde en realidad y en armonía se gana en expresividad y en eficacia. El esquema resulta tan claro que cualquiera que conozca la historia de Abraham e Isaac lo identifica. Es verdad que sus posturas son exageradas y que sus anatomías son muy incorrectas, es verdad que no vemos en sus rostros ningún signo de dolor, pero eso les importa poco. Lo importante en este caso es que se entienda el mensaje. Un mensaje claro y simple. El mensaje de que si queremos salvarnos tenemos que obedecer, aunque no entendamos el por qué y tengamos que sacrificar a nuestro propio hijo. Un mensaje que resulta muy importante en un mundo inseguro y oscuro como el de esta Alta Edad Media, en el que la realidad o la belleza ya no le importa a nadie si no sirve para salvarse.
http://www.youtube.com/watch?NR=1&v=e6_ZlJupYDw

Las naves de San Julián

San Pedro de la Nave (Zamora) es una de las pocas joyas de nuestro arte prerrománico. Una iglesia que resume en sí misma el proceso de síntesis de la planta basilical y de cruz griega del arte visigodo. En efecto, en esta construcción de finales del siglo VII, ya muy cerca de la invasión de Tarik y Muza en el 711, situada en los Campos que por algo se llamaron Góticos, se combinan la planta basilical de San Juan de Baños (Palencia) y la de cruz griega de Santa Comba de Bande (Orense), Santa María de Melque (Toledo) y San Fructuoso de Montelios (Braga). 
Una iglesia es un edificio que se inventa en el arte paleocristiano. El templo pagano, que era sólo casa del dios, no servía como espacio para la reunión de la asamblea del pueblo de Dios. Como lugar de reunión, los cristianos preferirán a partir del 313 (Edicto de libertad religiosa de Constantino) la basílica romana. Edificio con un número impar de naves, que sigue un eje longitudinal en torno a una nave central, más alta y ancha que las laterales, y con un ábside o éxedra, en donde acabará por situarse el altar y se enterrarán las reliquias (cripta).
La iglesia, además, como templo cristiano, simboliza también nuestra salvación, por eso el edificio incluye también el símbolo de la cruz. Así que, normalmente, una nave de la anchura y altura de la nave central se cruza ortogonalmente con ella, con lo que aparece el tramo de crucero, sobre el que normalmente se situa una pequeña torre que manifiesta esa aspiración de elevación hacia el cielo de todas las religiones.
El nombre de San Pedro de la Nave, según creo, nada tiene que ver con estas dos naves que se cruzan en la mayor parte de las iglesias cristianas. Una nave es un espacio delimitado por muros o por alineamientos de elementos de sustentación discontinuos, y sin embargo, la nave del topónimo de esta joya del arte visigótico procede de la barca de San Julián. En efecto, según una antigua leyenda, San Julián, que es la versión cristianizada de Edipo, tras el inconsciente parricidio, decide llevar una vida de contrición y servicio, retirándose a un lugar situado a orillas de un río caudaloso, acompañado por su esposa Basilisa. Allí, aquí tal vez, realizará funciones de barquero, hospedero y confesor. Allí o aquí construirá una iglesia de tres naves, a la que la tradición local añade una historia relevante: Al parecer esta iglesia por efecto de un designio milagroso se edificaba por el día y se caía por las noches. Tan sólo cuando a San Julián se le ocurrió introducir el símbolo de la cruz en el conjunto, una cruz resultante del cruce ortogonal de dos naves, el edificio se mantuvo en pie a la orilla del río.
Inventado ya este mito de la construcción de la iglesia de San Pedro de la Nave, siguió pasando el tiempo. Bajo la dirección de un prior benedictino, antes, y como parroquia de su pueblo, después, el edificio se mantuvo fijo como una gran nave de piedra paralizada por un extraño milagro, hasta que alguien en 1930 pensó en construir allí un gran pantano, el pantano de Ricobayo. Gomez Moreno, el padre de nuestra arqueología moderna, se encargó de dirigir el traslado de la iglesia hacia el pueblo de Campillo, tres Km. más allá de su primitivo emplazamiento. Allí está hoy, tras una extraña reconstrucción en la que se conserva esa extraña cámara (cámara del tesoro) que aparece sobre la capilla mayor, y en la que se incluye una nueva puerta a los pies, y se desecha una espadaña, que aparece aislada de la edificación actual, y una “tibluna” (tribuna) a la que se subía por una escalera (según cuenta una anciana de la zona, en un estudio realizado sobre la iglesia por Josemi Lorenzo Arribas).
Con su traslado a un lugar más alto, seco y llano, la nave de San Julián sigue siendo una gran cruz que mira el cielo y que ha cumplido con la antigua aspiración de movimiento de las naves. Sin embargo, se diría que en el cambio está también la penitencia. Algo pasa en esta iglesia que no casa. La iglesia ha salido perdiendo. Ya no hay agua justo al lado de los viejos sillares rústicos visigodos sin mortero, no se huele la humedad ni se atisban los caminos que se cruzaban sobre el río Esla. Ahora parece una iglesia vieja, parece una iglesia dormida, una iglesia cuyos sueños se encuentran bajo el pantano, hundidos bajo el misterio de un tiempo que se ha perdido, cubiertos por mil capas transparentes de agua que fluye hacia el mar y por el légamo informe que los sepulta. A mi me parece una iglesia con alzheimer. Una iglesia sin lugar y sin memoria.
http://www.youtube.com/watch?v=BKMFQJ9NKJM&feature=related

Aula Regia

Si hay un edificio excepcional en el Prerrománico europeo es éste que estamos viendo. Después de la caída del Imperio Romano de Occidente (476 d de C) y antes del año 1000, en toda Europa la arquitectura en piedra casi se extingue a medida que desaparecen los canteros, porque todo se ruraliza. La cultura y el arte se refugia en escasos monasterios que copian y copian antiguos manuscritos o bien se produce en torno de algún raro rey o emperador, cuyo poder le permita juntar a su alrededor una pequeña corte. Este último fenómeno es cada vez más excepcional y además cada vez más pobre por cuanto ya casi nadie paga impuestos y menos en moneda. Pues bien, uno de esos escasos reyes que consiguen alcanzar cierta riqueza es Ramiro I de Asturias, que a mediados del siglo IX es lo suficientemente poderoso como para exhibir su independencia con respecto al Sacro Imperio (que fundó Carlomagno) y para construir a las afueras de Oviedo, en donde tiene su corte, una iglesia, (que sería el tipo de edificio más común en aquella época y que se llama San Miguel de Lillo), y un pequeño palacio (Aula Regia), que pronto se transforma en iglesia y que hoy se llama Santa María del Naranco.  
Un Aula Regia debía de ser una especie de pequeño palacio (apenas 20 metros de largo) en el que el rey celebraba determinados actos oficiales como el de la entrega de las banderas o estandartes a los ejércitos antes de ir a la guerra. El edificio tenía planta rectangular y dos pisos más una escalera lateral adosada a su fachada norte. El piso inferior, dividido en tres partes, es de baja altura y está cubierta con bóveda de toba. En uno de sus extremos, tenía baños. El piso superior es más esbelto (doble de alto que el inferior) y es el que se usa para las ceremonias representativas, tenía dos galerías abiertas al exterior en sus extremos con tres arcos de medio punto peraltados sobre columnas de fuste sogueado y capitel derivado del corintio.
El edificio debió de ser tan importante como para que su arquitecto se esmerase en su construcción. El sillarejo, por ejemplo, es de gran calidad. Lo más destacable, sin embargo, es su sistema de construcción totalmente abovedado. Sus bóvedas de cañón de mortero u hormigón (como las romanas), reforzadas con arcos fajones, articulan el edificio. Cada arco fajón apoya en el interior sobre dos líneas de impostas paralelas, bajo las que hay arcos ciegos que parten de haces de columnas con fuste sogueado. En el exterior a los arcos fajones del interior les corresponden contrafuertes, los primeros contrafuertes de nuestra historia y además decorados con un relieve de líneas paralelas verticales. Los contrafuertes, además, aumentan la estabilidad del edificio y dan verticalidad a la fachadas. Los contrafuertes y los arcos fajones asturianos anteceden en un siglo a los contrafuertes de la arquitectura románica y son sus antecedentes más próximos. Sin embargo, el abovedamiento de hormigón del piso superior es el canto del cisne, la última expresión del abovedamiento romano, que es algo que se pierde, que se olvida casi definitivamente.
Otros aspectos extraños del edificio son el de su decoración con relieves con bandas o cintas de las que cuelgan medallones o clípeos con formas que, al parecer, se inspiran en tejidos bizantinos y la extraña arquería superior (también triple y también de arcos de medio punto peraltados sobre columnas) de las dos fachadas frontales, bajo el tejado a dos aguas, que simulan un tercer piso inexistente, y que nos recuerda a la llamada cámara del tesoro (que había existido ya en la arquitectura visigoda, sobre el altar de las iglesias). También es extraño que las claves de algunos arcos tengan forma de T y el tipo de arco elegido, el arco de medio punto peraltado de peralte recto. A pesar de sentirse herederos del reino visigótico no quisieron repetir el mismo arco de herradura. ¿Por qué lo rechazaron? ¿Pensaron que era demasiado parecido al de sus enemigos los musulmanes, que también usaban un arco de herradura, o pensaron que su forma era más práctica para dar esa tensión vertical que tan bien le viene al edificio? No sabemos qué pasó, pero sí de la elegancia del edificio, transformado en una falsa iglesia, por la adición de un más extraño altar exento, que se localiza en medio de la galería Norte, mirando hacia el cielo asturiano.
(www.artehistoria.com/arte/videos/719.htm)