relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

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Testamento

Archivo:Woher kommen wir Wer sind wir Wohin gehen wir.jpg
 ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?. Gauguin. Óleo sobre arpillera. 374 por 139 cm. Museo del Quai d'Orsay. 1898
Estoy enfermo y deprimido. No hace mucho me escribieron que mi hija se acababa de morir. Sobre un lienzo de tela de saco de más de cuatro metros de ancho, antes de suicidarme, envenenado por el arsénico, he pintado este cuadro que se titula: "¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?" Es una especie de testamento en el que he puesto toda la energía que me quedaba. Es también un ensayo filosófico que sincretiza los símbolos cristianos con los ídolos de los primitivos tahitianos. Aparece el paso del tiempo, desde la infancia, a la derecha, hasta la vejez de la anciana que se tapa la cara, a la izquierda de la representación. Hay animales distintos como pájaros, un lagarto, un perro, dos gatos y una cabra... Como en casi todos mis cuadros, la mayor parte de las figuras son mujeres. En éste destaca, en el centro, esa Eva que coge una roja manzana. El fondo azul y frío contrasta con su complementario, el amarillo vibrante del cielo de la parte superior de las esquinas en las que he escrito el nombre del cuadro y mi firma, y con el naranja del modelado de algunas de las figuras del primer plano. El cuadro se lee al revés, de izquierda a derecha, y se termina con la figura de la anciana y con el pájaro que pisa a un lagarto. Las palabras son inútiles. Este cuadro me faltaba porque aún no había probado el gran formato, y también porque ensayaba la idea de una obra que expresase que un artista ha de olvidarse del mimetismo de la realidad y expresar su pensamiento, buscando la simplicidad de los primitivos y huyendo de las convenciones de este arte decadente que no sirve para hacer un mundo nuevo.  

Jacob y el ángel

Visión después del sermón. Paul Gauguin. Oleo lienzo. 73 -92 cm. 1888. National Gallery of Scotland, Edimburgo,  
Si hay un cuadro que resume mi idea de Gauguin es éste. 
Lo primero que me llama la atención es el tema. Frente a los impresionistas que se limitan a pintar la luz sobre las cosas, él pinta ideas, porque él es simbolista. Es por eso que el recurso a los temas religiosos es una constante de su obra. Necesita de sus símbolos para dar a su pintura un contenido mítico, de manera que se las arregla para enseñarnos a Jacob luchando con el ángel toda la noche y sugerirnos que está cojo y extenuado. Sin embargo, junto al mito, aparecen las mujeres bretonas, muchas de ellas con las palmas de sus manos superpuestas en actitud de oración, y el sacerdote, a la derecha. Las mujeres imaginan estar viendo las historias que han oído en el sermón. Como frontera en el cuadro, en diagonal, la rama de un manzano las separa de la visión del ángel.
Lo segundo que sorprende es su atrevimiento formal. Las sombras azules de las cofias blancas las usaron todos los impresionistas, sin embargo, frente a las escamas de color que usaron éstos, Gauguin reinventa la línea que describe a cada figura y que separa campos de color. Frente a la visión frontal neoclásica, el encuadre efectista, un picado que recorta a todas las figuras del primer plano y que permite descubrir al fondo a Jacob y al ángel. Dicen que este enfoque proviene de las estampas japonesas, pero esto importa poco... Lo que importa, para mi, es que frente al color óptico de un prado verde, utiliza el color arbitrario de ese prado rojo, rojo. Muchas veces me pregunto: ¿Ese rojo es sangre? ¿Es pasión? ¿Es el rojo de la revolución socialista? ¿Es la tierra prometida por el ángel a Jacob-Israel y a toda su descendencia? ¿Qué significa tiene ese prado rojo, rojo?