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Acueducto de los Milagros. Mérida. Siglo I o II d. C. |
La ciudad es el elemento
clave de la civilización romana. La ciudad es a la vez el
centro de poder, en el que reside el ejército y el gobierno, y
el centro económico y comercial que organiza el área
territorial sobre el que se inscribe, pero además, y sobre todo, es el centro de difusión
de su cultura. Desde la ciudad el latín conquista Europa y se
crea un mercado común mediterráneo que induce la construcción de la mayor parte de las carreteras y puertos europeos de antes del siglo XVIII. Gracias a la ciudad, en el Alto Imperio, el vino de Italia se pudo beber en Hispania y el aceite de la Bética y el garum se
pudo tomar en Roma.
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Acueducto de Segovia. Sillares de granito. Siglo I o II d C. |
En las ciudades, los
romanos construyen templos paganos, arcos de triunfo, basílicas,
termas, anfiteatros, puentes y acueductos, lo cual hace que la
arquitectura sea el gran arte romano, la manifestación más clara de su espléndida técnica y de su formidable organización.
De entre estos edificios, los acueductos resultan para mi los más interesantes. Su
interés reside en primer lugar en las extraordinarias
dimensiones de algunos de ellos (el acueducto de Segovia, por ejemplo, es un complejo hidráulico de unos 15 Km, aunque el acueducto propiamente dicho sólo tenga, según los distintos autores, entre 700 y 900 m de longitud y una altura máxima de 29 m). Si los contemplamos, comprendemos de un vistazo el gigantesco esfuerzo humano y económico que significaron, un
esfuerzo que resulta comparativamente mucho mayor que el que hoy
hacemos para construir un AVE o una autopista. Además, los acueductos resultan, a veces, misteriosos, porque si bien todo el
mundo entiende que la grandiosa Roma tuviera varios, no es fácil imaginar las razones que llevaron a la edificación de obras faraónicas en ciudades mucho más pequeñas,
como sucede con el acueducto de la ciudad de Segovia, del que se dice que fue construido en una sola noche por el
diablo.
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Pont du Gard. Acueducto y puente. SE de Francia. 20 a C. |
Interesan mucho estas obras de ingeniería porque los romanos, que conocían el principio de los vasos comunicantes, podrían haber utilizado
tuberías (de hecho las usan en parte de los recorridos del líquido elemento) como hacemos en las ciudades
contemporáneas. Sin embargo, una idea de la limpieza, asociada
al aire libre, y una idea de la corrupción, asociada al reino
de Plutón, les lleva a conducir el agua para el consumo a
través de un canal externo, al menos en la parte final de su recorrido, mientras que para las aguas residuales
siguen utilizando un sistema de alcantarillado, heredado de los
etruscos, en el que ejercitan desde muy antiguo el sistema abovedado.
En tercer, y último
lugar, estas edificaciones interesan por la relevancia y variedad de sus soluciones
constructivas. Aunque todos los acueductos son el resultado de una concatenación de arcos
de un único centro de curvatura sobre pilares poligonales, usan tanto el arco de
medio punto como el escarzano, por adaptación a la
topografía. También utilizan distintos materiales: Los
bloques de granito almohadillado, sin mortero, en Segovia, el
ladrillo en la mayor parte de los casos por ser más barato y, con mucha frecuencia también mezclan
distintos materiales. Este es el caso del acueducto de los Milagros de Mérida. En él se utilizan
como elementos de sustentación unos muy gruesos pilares de
planta cruciforme, de piedra, que constan de un ancho núcleo
de hormigón, que está rodeado por
cuatro muros de sillería, que se disponen en hiladas y avanzan
en ángulo recto hacia afuera, para aumentar la estabilidad de los pilares, al tiempo que
actúan como encofrado del núcleo central. Para los
arcos se utiliza el ladrillo que se embute en los pilares para que la presión ejercida por los arcos sobre el pilar sirva como entibo de todo el conjunto, al disponerse los arcos en tres
niveles conectados y sucesivos. Pues bien, este sistema de
construcción tendrá grandes consecuencias en la
historia de la arquitectura. Como bien señala Angulo, los
musulmanes, al construir la Mezquita de Córdoba y buscar
soluciones que permitan un sistema constructivo fácil de
ampliar y lo suficientemente alto, emplearán la misma solución: Sólidos elementos de sustentación y arcos superpuestos (los de abajo, de entibo, embutidos en los pilares).
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