relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

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Cantos de yeso

Alcázar de Sevilla. Yesería polícroma. Siglo XV. Detalle.
Como estaba prohibido en las mezquitas la representación de figuras para no confundir las imágenes con las creencias, en el yeso, en la madera, en los mosaicos y en la mayor parte de los materiales de recubrimiento, los musulmanes hispanos escribieron inscripciones con versículos del Korán y con versos de inusitada belleza... Tan hermosas eran sus palabras que decoraban sus letras con formas florales como las de esos pétalos volantes que estáis viendo ahí y que parecen caer desde el cielo...
Me preguntan por sus poemas y mis ojos se debaten por los redondeados rasgos que recorren los muros de yeso de derecha a izquierda, y huelo el incienso que se concentra bajo las bóvedas de la ingente catedral de Sevilla, y escucho el rumor del río Guadalquivir, que es nombre árabe, y repito ojalá, ojalá, como si con este simple término, además de realizar una invocación al dios de Mahoma (oh Alá), expresase el deseo más profundo de mi vida... Ellos ya no están, salvo en los muros de yeso fino, ellos ya se han ido y yo no entiendo su voz... ¿Quienes fueron los poetas de aquel tiempo? Me imagino sus perfiles alargados bajo las túnicas, y su canto confundido con el grito del muecín; me los imagino enterrados en su tierra, que es la nuestra, y pienso que ellos son más de aquí que ninguno de nosotros, aunque no entendamos su voz, aunque nos hablen de otro mundo... Y me conmueven esos trazos, situados bajo un lienzo de ataurique y entre dos delicadas franjas de lacería que dibujan un somero encaje, porque, a pesar de que sus autores nos dieron hace siglos sus genes y su soberbia cultura, los miramos ahora como si no fueran de los nuestros, como si fueran gentes de otro mundo y enemigos irreconciliables... Qué tristeza me producen los poetas andaluces y sus olvidadas páginas de yeso... 

La torre más alta de España


Tanto simboliza la Giralda a la ciudad de Sevilla que, cuando se habla de ella, la esbelta torre campanario de la catedral se viste con la gracia y el donaire de la ciudad. Con ello se tiende a olvidar que la Giralda es también una gran obra de ingeniería.
Poca gente sabe, por ejemplo, que el edificio, que supera por muy poco los cien metros de altura, fue el edificio más alto de España durante muchos siglos, desde que se concluye el primitivo alminar almohade (que culminaba a 82 m) a finales del siglo XII, en 1198, o cuando se culmina con el Giraldillo y la construcción renacentista de Fernán Ruiz, en 1568, (con lo que adquirió su altura actual que supera por poco los 100m) y hasta que es superada en el siglo XX por los "rascacielos" del Madrid de la Gran Vía.
Su origen como alminar no sirve para explicar su elevada altura, porque éste no es un rasgo práctico para el muecín que llama a gritos a la oración al pueblo de Alá. Y es que la altura incluye el alejamiento, que disminuye la intensidad del sonido de la voz que llama, aunque aumenta su radio de acción. En este sentido, es probable que la fuerza que impulsó al alminar almohade hacia arriba fueran los celos de la nueva capital con respecto a su antecesora. En efecto, Sevilla, ciudad con puerto y mejor situada que su rival, aguas arriba del Guadalquivir, sólo empieza a despegar cuando decae Córdoba en el siglo XI. Por eso, cuando a finales del XII los almohades deciden construir una nueva mezquita, aunque proyectan un edificio mucho más grande que el anterior, a pesar de que excede en mucho a las necesidades reales de la población, seguía siendo menos extenso que el de Córdoba (que todavía hoy es el edificio religioso más grande del mundo). En consecuencia alguien debió de pensar que, para compensar, el nuevo alminar de Sevilla debía ser más alto que el de la ciudad vecina (42 m de altura).
Para hacer un alarde así, se tomaron algunas precauciones. El primer arquitecto, Ahmed Ben Baso, realizó una gruesa cimentación de hormigón de 5 m de espesor (Tabales, "Los cimientos del alminar", 1998), sobre la que dispuso una base de sillares que en su mayor parte eran materiales de derribo de época romana (algunos con restos epigráficos en latín). Más arriba, en la construcción dirigida ya por Alí de Gomara, el ladrillón almohade es el material preferido.  
La fachada del minarete se elevó dando vueltas a la ancha rampa interna que escala hacia arriba en torno a un núcleo central que tiene la misma forma prismática. Por encima otro prisma menor, a semejanza del también alminar almohade de la Kutubiya en Marraquech, y las manzanas de oro. Para airear la rampa, en el centro de cada uno de los cuatro frentes se irán alineando las ventanas, abajo simples y arriba geminadas, enmarcadas por alfiz, bajo arcos de herradura, de herradura apuntados, polilobulados o en cortina, sobre los que el ladrillo inaugura una nueva forma decorativa, la red de rombos o sebka, que se extiende a ambos lados en la mitad superior del primer cuerpo en forma de dos paños alargados que subrayan la línea vertical que definen las ventanas
Un paño de sebka horizontal da paso a la cornisa en donde termina hoy la parte visible de la construcción islámica, pero no la invisible. Sucede que aún quedaría otro prisma menor, oculto tras el campanario que forma ya parte de la parte renacentista de la torre. Por encima del campanario (de la misma anchura que la base), dos cuerpos prismáticos más estrechos de base cuadrada (el del reloj y el del pozo) y dos cilíndricos (el de la estrella y el de las carambolas), además de la famosa veleta (el giraldillo), que culmina el conjunto. Toda esta ampliación renacentista recibió y sigue recibiendo muchas críticas por parte de los puristas. Yo me encuentro entre los que admitimos la mezcla e incluso la justificamos. Hay que pensar que en el siglo XVI la ciudad adquiere el monopolio del comercio con América en su Casa de la Contratación y que por ella entran riquezas enormes en el reino. Concluida en el siglo anterior su también enorme catedral, se pensó que el alminar podría expresar mejor su importancia y que elevar su altura podría ser un buen objetivo, facilitado por gran la anchura de la rampa, que permite el tránsito paralelo de dos cabalgaduras. Las campanas eran además un buen aditamento que colaboraba en el intento recurrente de cristianizar el edificio. Por eso no se dudó mucho. Fernán Ruiz dirige las obras que concluyen en 1568.

Desde entonces la ciudad ha mirado orgullosa hacia arriba. La veleta que culmina la torre es una estatua de bronce que representa a la Fe. Bajo ella hay una esfera del mismo material que la gente denomina la tinaja. Esta estatua de la Fe tienen la palma del martirio en una mano y un escudo que es la vela que concentra la energía del dios del viento. Es una estatua femenina equilibrada, vestida y con paños mojados, que da nombre a todo el conjunto y que incluye ese movimiento giratorio que le es propio y que conecta con el barroquismo de los dos siglos que siguen.
El barroco rapta el alma de Sevilla, que vive en su Semana Santa el drama anual de la pasión de Cristo como una historia propia, pero su símbolo verdadero, el icono que mantienen en sus brazos las Santas Justa y Rufina, patronas de la ciudad, es la torre culminada por esa fe giratoria que se orienta hacia los cuatro puntos cardinales, según la fuerza del viento.

Alhambra

El paraíso en la tierra es posible. No hay nada malo en buscar el placer, en satisfacer los sentidos y la mente. Esta sala de palacio está llena de decoración caprichosa, como esos mocárabes de yeso pintado que parecen colgantes azules, rayos de luz de la estrella, horadada de ventanas en su base. La luz se cuela por ellas, y es filtrada por las celosías que juegan con las infinitas fórmulas de la geometría. Hay también estrechas fajas de decoración epigráfica, para añadir la belleza de la palabra a la de la arquitectura. Y hay decoración de ataurique, es decir, con formas vegetales estilizadas, grabada en el yeso y pintada de color.
La fuente que nace aquí produce un rumor agradable a mi oído y me comunica frescura. En verano se agradece. La fuente origina un canal, que se junta en el centro del patio con los otros ríos del paraíso. Son los cuatro ríos del Corán, derramándose por las bocas de los leones. Estamos en el centro circular del patio más hermoso. Un patio rodeado de infinitas columnas brillantes y delgadas, con arcos de medio punto peraltado con alfiz decorado con una doble red de sebka. Hay dos pabellones salientes, para marcar el lugar en donde nacen dos de los ríos del Corán (los otros dos proceden de las habitaciones con bóveda de mocárabes, es decir, de la sala de las dos hermanas y de la de los abencerrajes. Hay también jardines más allá y baños con azulejos brillantes, en esta la parte privada (el harem) del palacio de la Alhambra.
En la parte pública del palacio, está el mexuar, con las salas de los juicios y el patio dorado, y la torre de Comares, con el salón del trono y la sala de la barca. Entre ambos y el harem, el gran patio de los arrayanes. El rey, mi señor, el intérprete de Alá, vive día y noche en este mundo de patios y de habitaciones yuxtapuestas, que se agregan unas a otras, en un laberinto continuo, sin orden ni simetría y sin romper nunca la escala.
En Granada, el palacio de los reyes, al lado de la alcazaba, rodeado por los cubos y las torres del alcázar nazarí, es un paraíso, la imagen sensual del paraíso. La Alhambra.

El templo de Alá

Nuestro padre Alá insiste en el papel de la oración en común. No vale rezar en casa. Hay que ir a la Mezquita, nuestro templo, y reunirse con el resto de los hombres y rendir tributo a dios de rodillas y mirando hacia la Meca. La Mezquita ha de ser grande, porque sólo hay una en cada lugar, de manera que, si el sitio es grande o crece, la mezquita también ha de ser grande y también ha de crecer. 
En Córdoba, el sistema constructivo adintelado con vigas de madera lo permite, de manera que la Mezquita aumenta de tamaño desde el siglo VIII hasta el siglo XI, sin modificar nunca su esquema, un esquema arquitectónico que se compone primero de dos elementos de sustentación superpuestos, para llegar a una altura suficiente (columna de mármol con capitel, abajo, y pilar de sillares sobre cimacio y modillones de rollos, arriba). Luego, en la conexión entre ambos, actuando como arco de entibo, un arco de herradura en el que alternan el rojo de los ladrillos con el blanco de las dovelas de piedra arenisca. Y, para terminar, cargando sobre el pilar, arriba, un arco de medio punto, sobre el que apoyan las vigas. Esta mezcla de materiales, la superposición de arcos y el uso de arcos de entibo tiene un interesante precedente en la arquitectura romana: El acueducto de los Milagros de la ciudad de Mérida.
La Mezquita de Córdoba, después de sus sucesivas ampliaciones, es un templo inmenso, uno de los más grandes del mundo (23.400 metros cuadrados). Se compone de un patio, con fuente para las abluciones y con el alminar desde el que el muecín llama a los creyentes, y de la gran sala de oración. En ella, la repetición del mismo esquema es la base de esa sensación de orden y de regularidad que se siente en el interior del edificio.
La sala, profanada por una catedral cristiana, es un bosque de columnas que nos conduce hacia la Kibla, hacia el dorado Mihrab, hacia el lugar en donde Alá sigue escuchando nuestros rezos bajo el rumor pausado del río Guadalquivir. Escucha el rumor de los rezos.
http://www.youtube.com/watch?v=4CEwr7grzvE&feature=relmfu