relatos con arte

Lo que sigue es un intento de utilizar la ficción para motivar el aprendizaje de la Historia de Arte. Lo que sigue son pequeños relatos apócrifos, reflexiones, descripciones, cartas o poemas. Textos inventados siempre, pero inspirados en la historia, para mostrar los sentidos de las obras o adaptarlos a nosotros. En ellos se hace hablar al autor, a un personaje, a un crítico, a un mecenas, a un profesor o a un espectador que nos cuentan sus razones, su manera de ver, su sentimiento o su reflexión ante la imagen plástica. Se intenta llevar a los ojos a un nivel correcto de enfoque (que no pretende ser único o excluyente de otros, pero que sí se pretende interesante) y animar a la lectura de lo que se ve, o lo que es lo mismo, educar la mirada y disfrutar del conocimiento, concediendo al contenido, al fondo de las obras, un papel relevante que en nuestras clases, necesariamente formalistas, se suele marginar.

Manchas

Pollock pintando Autumn Rhythm, 1950. Foto de Hans Namuth
Pollock pintando Autumn Rhythm, 1950. Foto de Hans Namuth

Autumn Rhythm: Number 30, 1950. Oleo sobre lenzo (266.7 x 525.8 cm). The Metropolitan Museum of Art, New York. George A. Hearn Fund, 1957
El automatismo psicológico de los surrealistas en la danza de mis pies sobre el lienzo. Es una pintura abstracta, hecha de impulsos descontrolados. Un conjunto de manchas informes. Esa es la pintura que hago. El resultado de un proceso inconsciente que he preparado antes con toda minuciosidad. Hace falta mucho espacio en el taller, un lienzo de gran formato y pintura de los colores elegidos previamente, guardada en distintos cubos. Después hay que extender el gran lienzo sobre el suelo, coger una brocha grande y el bote con el color. Luego comienza lo más importante, el baile de la brocha y la colonización del gran lienzo por los colores creados. El color es el principio masculino que penetra y se funde con el lienzo femenino, al tiempo que va  naciendo el nuevo ser del ritmo inconsciente de mis manos. Algunas veces elijo los colores con mucho detenimiento, como cuando enfrento el blanco y el negro, el bien y el mal, lo negativo y lo positivo. Sin embargo, en otras ocasiones me dejo llevar por la intuición. Las manchas abstractas de mis cuadros expresan lo que soy yo. Reivindico la sinceridad expresionista de mi baile y lucho contra los que me acusan de engañar. Yo replico que mi arte es todo lo contrario. Es sincero y atrevido. En realidad, los artistas figurativos son los únicos que engañan, y es que sugerir, copiar lo que se ve o lo que se imagina es intentar engañar, porque la pintura es solamente un conjunto de colores y un soporte. Yo, sin embargo, nunca engaño. Ahí tenéis lo que os ofrezco, color en grandes formatos. Sólo color, informes manchas, la danza de los pieles rojas en torno al fuego y la pintura que cae libremente, sin control...

El joven David

David. Donatello. 1440. Bronce. 1,58 m. Mº Barguello. Florencia
David. Donatello. Bronce.1440.
Aún no soy un hombre. Soy un adolescente, un efebo, un joven que se siente muy seguro de sí mismo. Yo no sé lo que es la muerte, aún no he tenido tiempo de pensarla. Estoy orgulloso de ser como soy. Me sonrío. Tengo un cuerpo hermoso y represento a mi ciudad. Soy florentino. Llevo el sombrero campesino de Toscana y el pelo largo.
En estos tiempos de imperios que están naciendo y de ciudades independientes como la nuestra. Nosotros, los florentinos, nos sentimos los legítimos herederos de los romanos, por eso tengo este ritmo clásico y curvilíneo en mi postura, que hay quien dice que deriva de Praxíteles, y por eso es que estoy desnudo y tan bien proporcionado. Además soy de bronce y su técnica es difícil porque hay que tener hornos que fundan el estaño y el cobre y buscar las precisas proporciones en las que combinan mejor, igual que hicieron en Roma. Por mí causa aprendimos a hacerlo como lo hicieron ellos y por eso estoy satisfecho. Por eso y también porque aquí bajo mis botas está la cabeza de Goliath, la fuerza bruta. La masa de la maldad derrotada por mi valor y por mi astucia. Algún día seré rey y de mi estirpe nacerá el Mesias. Represento a la belleza, simbolizo el equilibrio y la inteligencia, aporto la sabiduría heredada por la historia para vencer a los ejércitos de las bárbaras naciones que pretenden dominarnos. Soy un joven de Florencia. La ciudad estado de los Médici, la heredera de Roma, la rica y sabia Florencia, la que es capaz de dominar a los mayores imperios con la fuerza de su pensamiento. Sí, estoy satisfecho y me sonrío. Soy al tiempo efebo, vencedor de la barbarie de un gigante, símbolo de la inteligencia, origen de la estirpe de Cristo, futuro rey de Israel y un muchacho de Florencia. Soy el pequeño David de Donatello. Pequeño de tamaño, si se me compara con el que sesenta años después hará Miguel Ángel, pero tan grande como aquel en mérito, en ingenio, en armonía y en orgullo de lo propio.

La fuente


Fuente des Innocents. Les Halles. París.1549. Jean Goujon esculpe. Pierre Lescot diseña.
El origen del río es dónde nace. Hay algo líquido y sin forma en la fuente de las cosas. En Francia, una fuente, la fuente de los Inocentes, es la obra clave del renacimiento y este tema se repite en el arte neoclásico, cuando Ingres hace este sensual desnudo, inspirado en los relieves de les Halles. Yo retorno al tema de la fuente, pero el arte, como dijo Leonardo, es una cuestión intelectual. 
Os propongo que penséis ahora conmigo. Este objeto, ayer era tan sólo un urinario. Hoy, gracias a mi artística voluntad y dispuesto de esta forma horizontal en el centro de la sala de exposiciones, yo lo bautizo con el nombre de “La fuente”. 
La fuente. Museo Quai d'Orsay. 1856. Ingres. 163cm.x 80cm
La presenté con el pseudónimo de Richard Mutt, a la exposición del Salón de la Sociedad de Artistas Independientes de New York en 1917.
El jurado de la muestra, del que yo mismo formaba parte, excluyó la obra, por lo que tuve que dimitir en  protesta. Conseguí, sin embargo, que el jurado explicase lo que sigue:
La fuente: 1917. Marcel Duchamp
“Dicen que cualquier artista que pagara seis dólares podría participar en la exposición.
El Sr. Richard Mutt envió una fuente. Sin discusión, este artículo desapareció y jamás fue exhibido.
¿Cuales fueron las bases argumentales para rechazar la fuente del Sr. Mutt?:
1. Algunos consideraron que era inmoral, vulgar.
2. Otros, que era un acto de plagio, pues se trataba de una simple pieza de plomería.
La fuente del Sr. Mutt no es inmoral. Esto es absurdo. Una pieza de baño no puede ser inmoral. Es un accesorio que puede verse todos los días en las vitrinas de tiendas de plomería.
El que el Sr. Mutt haya hecho la Fontaine con sus propias manos o no, carece de importancia. La ESCOGIO. Tomó un artículo normal de la vida, lo colocó de modo que su significado útil desapareció bajo el nuevo título y punto de vista: creó un nuevo pensamiento para ese objeto.

En cuanto a descalificarla por ser plomería, esto es absurdo. Las únicas obras de arte que América ha proporcionado son sus piezas de plomería y sus puentes”.
Pues bien, esto es un “ready made”. Este es el más famoso de mis "ready mades".

Catedrales

Catedral de Rouan. 1892-93. Claude Monet. Museo Quai d'Orsay.
Catedral de Rouan. 1892-93. Claude Monet. Museo Quai d'Orsay
Gracias a que se acaban de inventar esos tubos de óleo envasados puedo salir a pintar la imagen de la realidad. Es eso lo que me interesa. No la realidad en sí misma, sino la forma en la que las figuras se transforman por la luz, que es el color. La imagen es cambiante, esto lo prueba ese otro invento que llaman fotografía. Por eso el pintor ha de ser rápido, ha de ser capaz de pintar sin contornos ni dibujos y las sombras han de ser de otro color, no del mismo color ennegrecido. Hago series de paisajes sin variar la posición del objeto, ni del punto de vista. Ni siquiera cambio el encuadre. Tampoco cambio el soporte, siempre lienzos de un metro de alto por setenta cm de ancho. Tan sólo varío las manchas de color dispuestas sobre él, como escamas luminosas. Así son mis catedrales. Los lugares en donde Dios se hace luz, transformados por la luz del mismo Dios.

La Trinidad

Tres y una sillas. Joseph Kosuth. 1965. Museo de Arte Moderno de Nueva York.
En el colegio me intentaron enseñar el dogma de la Santísima Trinidad. Nunca lo pude entender: “Padre, Hijo y Espíritu Santo; tres personas distintas y un sólo Dios verdadero”. Y yo pienso: “No es posible. O son tres personas o es sólo una”.
Ahora miro esta otra trinidad. En el centro, una silla real, y a su lado, un cartel, con su definición, y una imagen. Son un objeto y su expresión diferente en dos lenguajes. Tres formas de expresar la platónica idea de una silla. A mi modo de ver, la segunda persona, que es el verbo, está representada por el cartel. El Padre, que los precede, está en el objeto central. Sin embargo, la relación entre el Espirítu Santo y la foto me parece forzada y fría. Si Dios padre es una silla el Espíritu Santo ha de ser algo inmaterial. No una imagen con dos dimensiones como vemos a la izquierda. Por eso os propongo otra imagen metafórica: ¿No hubiera quedado mejor representado la paloma de la encarnación y de pentecostés con un concepto? ¿Un concepto que sea silla y no lo sea al mismo tiempo? Una h es una silla en la que nadie se sienta y una letra que no suena. Yo creo que la h es el Espíritu Santo y si no, decidme: ¿Para qué existe una letra que no suena?
h

Tropo Vero

Inocencio X. Velázquez. 1650. Óleo sobre lienzo. 140 por 120 cm. Galería Doria Panphili. Roma.  
Demasiado verdadero. Así no se debe pintar a un Papa. Es verdad que soy rey y como tal me corresponden los signos del poder, como el trono o la corona, o los gestos de dominio y de ambición que exhibieron los bustos de los emperadores romanos. Sin embargo, también soy la cabeza de la Iglesia, la institución de la púrpura que representa a Cristo en la tierra. Por eso mi rostro habría de tener la mansedumbre y la bondad de los bienaventurados, la dulzura de los santos que aceptan el martirio. Yo ya sé que mi rostro me delata, que, a pesar del nombre que elegí, las comisuras de mis labios denuncian la desconfianza de mi trato y ese genio violento que no puedo reprimir. Usted, Don Diego, debería haber olvidado al hombre para representar al Papa. El arte es el terreno de la belleza, de la idealización. La realidad es deforme y fea... Demasiado verdadero...

Solfa

Composición VII. Vassily Kandinsky. (25 a 28 de noviembre de 1913). Oleo sobre lienzo. 200 x 300 cm. Moscú, Galería Estatal Tretiákov
Según Claudio Magris, Kandinsky representa la raíz de una de la dos vanguardias del siglo XX. Representa a la vanguardia que reivindica la autosuficiencia del signo. Para esta vanguardia por un lado va la vida y por otro ha de ir el arte, que es el mundo platónico de las ideas y de los signos. Eso le lleva a inventar el arte abstracto, este arte de sus óleos y acuarelas, de formato rectangular, en los que el color actúa como las notas musicales en las sinfonías. Sus cuadros son composiciones armoniosas de formas y de colores que se han olvidado de la realidad inaprensible, que son sólo pintura a la busca de un concepto abstracto de belleza:

Solfa

                                              Remí -¿Mido mi fado? Domi.
                                              Domi - Sí, Remí.
                                              Remí - Domi, mi fado: “ Miré Laredo, Sisí, mi sol, Mimí, mi sol..."
                                              Domi - ¿Sisí? ¿Mimí?
                                              Remí - Domi, mido mi fado...
                                              Domi - Remí, sol relamido. Mido mi lado.

Para el registro civil

El matrimonio de Arnolfini. Jan Van Eyck. 1434. Óleo sobre tabla. 82 por 60 cm. Galería Nacional de Londres.

Yo inventé la técnica del oleo y mi mano es capaz de copiar cada detalle. Puedo reproducir la textura de las cosas y las formas y el color de lo real. Trabajo con exactitud milimétrica para hacer verosímiles al perro, a la piel de armiño de la capa de Arnolfini, el protagonista del cuadro, a la lana del manto verde y a la frente delicada y depilada de su esposa, a los brillos metálicos de la lámpara o a la luz matinal de la ventana que invade la habitación desde la izquierda. Me esfuerzo también por dejar claro el mensaje a través de símbolos diversos, de modo que el perro nos hable de la fidelidad, la vela encendida de la fe, la cama y el rojo de la colcha de la pasión, los coturnos de la vida cotidiana, los pies descalzos del carácter sagrado de lo que sucede, las naranjas del alfeizar de la ventana, si lo son, del alto nivel de vida del burgués (y si son manzanas del pecado), la Santa Margarita del cabecero de la cama, de la fecundidad, que también parece aflorar en el vientre abultado de la esposa y en el verde esperanza de su manto. Mi obra intenta ser un espejo de lo que está sucediendo, con Arnolfini que con una mano toma la de su esposa y que con la otra bendice, mientras ella mantiene baja la mirada de su bello rostro infantil y acepta su posición subordinada. Ambos están serios, expresan una cierta solemnidad consciente, como si estuviesen representando un papel o actuando en un ritual.
Sí, me esfuerzo por dejar claro el mensaje, pero con esto no es suficiente. Las figuras no hablan ni se pueden mover, aunque esté muy claro lo que ocurre. Por eso, a pesar de que mi obra es el mejor documento de lo que pasó, utilizo el espejo, ese objeto que refleja lo real, aunque lo invierte, ese espejo en el que yo me represento, tras la espalda de los dos protagonistas, junto a otro personaje. Ese espejo sobre el cual aparecen unas letras góticas manuscritas en las que yo me identifico: “Johanes de Eyck fuit hic”, dice, es decir, "Jan Van Eyck estuvo aquí".
Es la prueba de que estuve y de que, en su casa y ante dos testigos, Arnolfini se casó.

El rayo de Júpiter

"Lightning Field". 1977. Desierto de Nuevo Méjico. Walter de María.
Fulminaré a quien se acerque con toda mi fuerza celeste. Estoy rabioso. Yo soy Júpiter, el dios del cielo. Yo rapté a Europa, a Ganimedes, a Danae. ¿Cómo me habeís capturado? Os conozco, sois los hombres. Esos seres que no respetan a los dioses, esos seres engreídos. Liberadme. ¿No sabeís que soy el rey del Olimpo? ¿Por qué me habeís atado a este desierto? ¿Os creéis que sólo soy un espectáculo de luces? Venid aquí, vereís mi látigo vibrar en plena noche. ¡Acercaos!